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¿Qué es el club de escritura?

—Es una red de concursos literarios en abierto (todos leen, todos votan), con convocatorias muy diferentes, generosas dotaciones y acompañados de materiales didácticos especializados para todos los niveles.

—Es una plataforma de autopublicación gratuita desde la que compartir con quien desees todo tipo de escritos (literarios, profesionales...), sin límite de extensión y, si lo deseas, integrando fotografías, videos y otros recursos innovadores dentro del texto.

—Es una gran comunidad participativa de decenas de miles de lectores y aficionados a la escritura que se leen y ayudan entre sí con sus comentarios.

—Es también una potente e innovadora herramienta de composición a disposición del texto literario tradicional al mismo tiempo que se abre a una nueva generación de textos enriquecidos.

 

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A lo largo del año 2017 están previstos los siguientes concursos literarios

-Concurso Historias de Familia. Dotación: 1.000 euros. Desde el 9 de septiembre

-Premio de poesía in-VERSO. Premio: publicación de un libro. Abierto el plazo de admisión de originales hasta el 24 de septiembre.

-Concurso Historias del Viaje. Dotación: 1.000 euros. Abierto el plazo de admisión de originales hasta el 11 de septiembre.

-Concurso Historias del Trabajo. Dotación: 1.500 euros. Abierto el plazo de votaciones hasta el 13 de julio. Publicación del acta del jurado el 31 de julio.

-Concurso Historias de la Calle. Dotación: 1.500 euros. Abierto el plazo de votaciones hasta el 13 de abril. Publicación del acta del jurado el 3 de mayo.

-X Premio Joven de Relato Corto. Ámbito Cultural, Ayuntamiento y Ateneo de Pamplona. Dotación 2.000 euros. Desde el 1 de abril

-Concurso de microrrelatos "El viaje que aún no he hecho". Dotación: 1.000 euros. Desde el 5 de abril

-Concurso de Relato Filosófico. Dotación: 1.000 euros. Desde el 18 de abril

-Concurso Historias con sabor. Dotación: 2000 euros. Desde el 23 de abril

Fechas y dotación por determinar

-Concurso El dios dinero. Previsto para finales de 2017

-Concurso de Relato Musicado. Previsto para finales de 2017

-Concurso El dios tecnología. Previsto para finales de 2017

-Concurso Pensar la memoria. Previsto para finales de 2017

 


Convocatoria abierta: IV Concurso Historias de familia

Premio: 1000 euros en premios

Admisión de originales: del 9 de septiembre al 11 de diciembre

Periodo de votaciones: del 12 de diciembre al 11 de enero

Fallo del Jurado: el 31 de enero de 2018

Greg Sand

El planteamiento de Historias de familia concentra en buena medida lo que quiere ser el Club de escritura. Esa primera edición de comienzos de 2014, con la petición de una historia familiar que partiera de una foto que también había que publicar, ha dado paso a nuevas convocatorias y nuevos concursos que han buscado mantener ese compromiso con el entorno inmediato del autor, con los espacios fundamentales donde se desarrolla su vida, en un ejercicio de cercanía, de memoria y autoevaluación. Cada año planteamos en el Club nuevos concursos con distintas temáticas y formatos, pero los cuatro que conforman el cuadríptico -con una historia familiar, otra de la calle, otra del trabajo y otra de viajes- le dan a la plataforma una estructura fija, con fechas estables, para vertebrarla. Las propuestas deben servir para estimularos a escribir -quién no tiene una buena historia de familia-, pero también a compartir vuestra historia y a reescribirla, editándola tantas veces como sea necesario, tomando en consideración las observaciones que os hagan los otros usuarios, ejercitando asimismo vuestra crítica y autocrítica en ese espacio de comentarios que debéis gestionar vosotros mismos, facilitando la comunicación entre los participantes (autores y lectores).

Greg Sand

Una historia de familia

El tema de este primer concurso no es azaroso: Lo difícil es dejarse fuera a la familia cuando uno escribe. La Odisea tiene mucho de historia familiar. También HamletMacbeth o Romeo y Julieta. O Madame Bovary. O Guerra y paz. Funciona bien de saco de historias para el escritor, para buscar sus primeros temas, y con ellos su tono y sus metas. La familia es materia universal: lugar de respuestas para el que escribe y para el que lee lo que otros han escrito, en un ejercicio de introspección que sirve tanto para la autobiografía como para la pura ficción. Es territorio de exploración, porque las distintas fuerzas gravitacionales de cada familia apuntan a los grandes temas. Pero hay que acertar con el modo de abordarlo: saber dar con ese centro que pone en órbita todos los demás elementos.

Dos reflexiones vertebran esta nueva propuesta para escribir una historia de familia.

La primera (que hemos usado otras veces), de W. G. Sebald:

Los álbumes de fotografías familiares son un tesoro de informaciones, nadie puede reconstruir una novela familiar mejor que una imagen.

La segunda, de Sergio del Molino (de su narrador en Lo que a nadie le importa):

Yo tengo que convertir el presente de indicativo de mis abuelos en pretérito perfecto simple, y en la operación estoy obligado a inventármelo todo, porque el presente de indicativo no deja rastro. No recreo una época, sino que la creo desde la nada. Estas supuestas memorias familiares son lo más fabuloso y ficticio que he escrito nunca.

Es la fotografía familiar la que le da a lo cotidiano una permanencia sólida en el tiempo (de ahí muchas veces su carga de teatralidad). Hay muchas historias extraordinarias que son fruto del puro testimonio familiar o que se inspiran en hechos familiares en los que las imágenes -abiertas siempre a lecturas, interpretaciones y comentarios- fueron las protagonistas. Por ejemplo (en el ámbito puramente biográfico): El crítico de cine francés Serge Daney, que solo conoció a su padre, actor, en la pantalla de un cine. O la madre de Fernando Arrabal, que recortó e hizo desaparecer al padre de este en todas las fotografías del álbum familiar.

Nos interesa ese álbum tradicional como organizador de imágenes: Signo inequívoco de una iconografía cotidiana que fija la estructura familiar. Las fotografías tomadas de aquí y de allá convertidas en literatura, porque como álbum tienen un argumento y unos personajes, y la presencia tácita de un narrador que escoge y organiza las fotos de una determinada manera, las censura, hace sus propias elipsis en el tiempo, o intercala otras de otros fotógrafos.

Y nos interesa también ese segundo nivel que supone el tratamiento al que son sometidas por un nuevo narrador, quien tiene que reconstruir con esa imagen el momento que quiso captar el fotógrafo y llevarlo a su presente y usarla para apuntalar su recuerdo, para ubicarse también él (protagonista o no) en esa microhistoria: la actitud con la que el narrador se enfrenta a ese material, a las fuentes de su memoria. 

Os proponemos de nuevo tomar de punto de partida una imagen familiar (una foto o una escena de una película doméstica, o incluso un dibujo u otro objeto que tenga para vosotros un claro valor simbólico), que debe aparecer expresamente en la obra. Dar con una imagen que contenga la génesis de una buena historia, sin caer en clichés, y extender luego su sentido con un texto, otras imágenes, vídeos o música. Ponerles rostro a las fotos de Greg Sand. Escribe Bourdieu en Un arte medio: “La práctica fotográfica existe —y subsiste— en la mayoría de los casos por su función familiar, o mejor dicho, por la función que le atribuye el grupo familiar, como puede ser solemnizar y eternizar los grandes momentos de la vida de la familia y reforzar, en suma, la integración del grupo”.

Tipologías familiares y narrativa

La cita es larga, pero aquí imprescindible. Escribe Ricardo Piglia en Los diarios de Emilio Renzi:

Si me hice escritor, es decir, si tomé esa decisión que definió mi vida, fue también a causa de los relatos que circulaban en mi familia, aprendí ahí la fascinación y el poder que se esconde en el acto de contar una vida o un episodio o un acontecimiento para un círculo de conocidos que comparten con uno los sobrentendidos de lo que se está contando. Por eso a veces digo que le debo todo a mi madre, porque ella fue para mí el ejemplo más convincente del modo de ser de un narrador que dedica su vida a contar con variantes y desvíos siempre la misma historia. Una historia que todos conocen y que todos quieren volver a escuchar una y otra vez. Porque esa es la lógica de la así llamada novela familiar, la repetición y el conocimiento de lo que está por suceder en la crónica de la vida que todos han comenzado a escuchar desde la cuna, porque uno de los ejercicios más persistentes en la familia de mi madre era contarles a los niños esas historias terribles […]

El material que ha proporcionado la familia para cualquier forma de narrativa es inabordable. La familia es al tiempo el ecosistema más básico en el que vive el escritor y un acceso privilegiado a muchos de los temas universales. Una máquina de afectos y de conflictos, ha dicho Piglia. 

Con muchos ejemplos en literatura y cine. En el dosier que acompañaba al concurso el año pasado hablamos de los Buendía, de Aviraneta, de los Marías y de los Panero. Pero advertíamos ya que valen también casos menos extraordinarios de sagas familiares, con sus objetos fetiche y su reconstrucción. Para contextualizar Historias de familia: obras que hacen hincapié en los materiales que les han servido de punto de partida para el relato.

O bien con un mayor protagonismo de la imagen. Como en el trabajo que Inmaculada Salinas presentó hace unos años en Visiona, de historias mínimas que desvelaban vínculos familiares: Micorrelatos en rojoestaba compuesto de 7.000 fotografías, 3 imágenes por microrrelato: la que aparecía en la primera hoja de cada álbum, la que ella consideraba más significativa y la que cerraba ese álbum, a las que añadió pequeñas citas de varios autores sobre distintos aspectos de las relaciones familiares.

O en el de Jo Spencer, con su deconstrucción total de las convenciones del álbum familiar, muy atenta a la forma de leer y evaluar los códigos de ese tipo de fotografía: una fototerapia, dijo ella misma, para mostrar los demonios que esconde la fotografía doméstica.

O bien con un mayor protagonismo de la palabra. Como en el caso del mismo Sebald, con su pulsión archivística como embrión de sus historias: una amalgama de textos manuscritos, fotos y recortes para reconstruir pequeñas biografías (reales o ficticias). Pero este dosier nos gustaría centrarlo en los testimonios que recogen nuevas tipologías de familia: al tiempo que la sociedad ha ido incorporando otras posibilidades al grupo que acepta como familia, al ampliarse los márgenes de su comprensión de qué es una familia, también la literatura ha abordado la distintas combinaciones posibles, con una mirada que le exige además al autor una reflexión con varios frentes y un posicionamiento. Nos interesa aquí, por ejemplo, la conversión de roles que conlleva la visión feminista, o los nuevos planteamientos sobre la maternidad, o sobre la paternidad, o sobre la vida en pareja, también de personas del mismo sexo, las familias monoparentales, etc. Sin corsés (solo el parentesco y la vida en común) para ensanchar al máximo el registro de las vivencias relatadas.

Señalamos solo unos pocos ejemplos de dos de los temas posibles (a los que podéis añadir otros en el espacio de comentarios).

Sobre la maternidad: En 2013 Ainhoa Rebolledo con Tricot planteaba como tesis, arropada por las tres protagonistas treintañeras de su novela, por qué, si las relaciones sentimentales acaban por lo general mal, no criar a los hijos entre amigas, por qué tener que soportar al hombre que las ha dejado embarazadas. Una forma de reestructurar el núcleo familiar (tricot es trío en catalán), que comienza precisamente con una cita de El desencanto, la película sobre la autodestrucción de los Panero, familia ejemplar para el franquismo, que usamos en un dosier anterior. Sobre otros enfoques de ser o querer ser madre se han escrito últimamente bastantes novelas y ensayos, que han tenido además repercusión: El silencio de las madres, de Laura Freixas, hace ya algunos años o, más recientes, Quién quiere ser madre de Silvia Nanclares o Trincheras permanentes de Carolina León. Muy lejos de la figura idealizada de la madre que -como explica Amelia Valcárcel- se impone desde el siglo XIX.

Sobre el matrimonio homosexual: Con un planteamiento reflexivo, indagador, tanto Mendicutti con California como Pombo con Contra natura escribieron de ello a raíz de su legalización en España en 2005 y el debate que generó (incluido si esta legalización o normalización no es otra forma de perpetuar el tradicional matrimonio patriarcal). Muy lejos de Dennis Cooper, que con otro tono más trasgresor también lo abordó en Tentativa un poco antes, con unos personajes -por lo general oscuros, que se recrean en su fracaso- que cayeron mal como estereotipos.

Dos cuestiones muy alejadas entre sí, pero que convergen en esa voluntad de ampliar en el ámbito de la familia los derechos del individuo, liberándolo de ciertas restricciones históricas que han perdido su vigor, su aceptación mayoritaria en la sociedad.

 

Puedes conocer las bases completas de Historias de familia en la página del Club

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Convocatoria abierta: I Premio de poesía in-VERSO

Vida en palabras
Un enigma que se niega a ser descifrado
Por los profesores
Un poco de verdad y una aspirina

 Nicanor Parra 

Blake J. Nolan

Premio: Publicación de un libro

Admisión de originales: del 10 de julio al 24 de septiembre

Periodo de votaciones: del 25 de septiembre al 22 de octubre

Fallo del Jurado: el 17 de noviembre

 

Ninguna introducción queda de pie después de intentar una definición contundente para la poesía. Ni siquiera atiborrándola de citas de los grandes. Para presentar este primer concurso de poesía en el Club nos basta la de Parra: un poco de verdad y una aspirina son suficientes para acoger (y que se sienta acogida) cualquier aportación con ambición poética, ocupe el espacio que ocupe en ese espectro enorme que abarca lo que un autor puede pedirle a su poesía. Con el editor de textos del Club ya hemos publicado (habéis publicado) cientos de poemas: Creemos que nuestra comunidad, con cerca de 60.000 miembros, es un entorno excepcional en el que publicarlos y compartirlos. Un punto de encuentro. Pero el concurso de poesía acaba con una deuda que nos pesaba desde hacía tiempo (el tiempo que nos han llevado las cerca de 30 convocatorias de prosa). Y queremos saldarla sin condiciones (una presentación del género puede ser contraproducente si estrecha los márgenes, si puede parecer que sugiere un camino frente a los otros muchos posibles). Cabe aquí la poesía hecha solo de palabras, pero también la poesía visual o fonética, grabada en audio o en video. De tema libre. No hay, pues, más limitaciones que las mínimas: una cierta extensión (un máximo de 300 versos) y su condición de inéditas para poder publicar también en papel al ganador, gracias a la colaboración de in-VERSO, interesada también en incorporar a su catálogo voces emergentes.

La poesía que se escribe hoy

Una explicación para la poesía tiene que estar hecha de trazos gordos: como expresión, como manifestación de un yo, de un ser íntimo, que hace del equilibrio entre lo mostrado y lo reservado material poético. Quizá, de hecho, no haya que plantearse qué es la poesía, sino qué poesía se escribe y se lee hoy, quién la escribe y la lee, qué busca esa poesía, y qué consigue. Nos interesa mucho cómo actualmente nuevos autores han querido otra aproximación a la poesía, quizá más desinhibida, menos deudora de su tradición (con los matices que se quiera), desacomplejada, pero sobre todo mucho más compartida y más abierta al comentario. Vida en palabras dice Parra. Nada que ver con las tiradas mínimas de la poesía en cualquier otra época. Como si ese supuesto, generalizado antes, de que la poesía es algo difícil, poco accesible, hubiera sucumbido a nuevos hábitos que la web, sobre todo las redes sociales, ha facilitado enormemente: ahora cualquier autor puede compartir su poesía con un número de lectores potenciales enorme, y también comentarla, discutir sobre ella, editarla, e ir estableciendo una red de textos y autores afines con los que poder dialogar. La inmensa minoría de Juan Ramón es ahora otra cosa. También el arma cargada de futuro de Gabriel Celaya.

neorrabioso

A la poesía le ha sentado bien internet. Hasta convertirla en un fenómeno, en noticia recurrente, con un antes y un después que separan los números, por el aumento enorme de autores y lectores que tiene detrás de sí lo que se publica ahora, pero que necesita, para explicarse, de las nuevas formas de edición, de la comunicación que han abierto las redes sociales como un cauce ancho y horizontal y muy caudaloso. Porque la información y la comunicación masivas tienen mucho que ver con la sensibilidad de nuestro tiempo; y también con el lenguaje con el que la expresamos. No es tanto un corte generacional que marque dos mentalidades como una escala que mide la progresiva familiaridad con los nuevos dispositivos electrónicos para hacer y compartir poesía (aunque no haber tenido que cambiar de hábitos pueda darles una cierta ventaja a los más jóvenes). Y no es tampoco la sustitución del papel por la pantalla: la resistencia del papel y los embates de la pantalla. Pero el desconcierto que suman todos esos factores funciona bien para buscarle otro enfoque y otra actitud a las funciones, límites, formas, temas y lenguaje de la poesía. Como si alguien de pronto hubiera abierto una puerta.

No es fácil responder a la pregunta de si hay ahora un modo distinto de relacionarse con la sentimentalidad o un lenguaje distinto para expresarla. O si esta poesía es tan buena o tan mala como han dicho algunos críticos. Pero su silueta más general es bien reconocible: con una fuerte presencia de lo visual (y la cultura de la imagen), con referencias a elementos e iconos de la sociedad de consumo, sin los clichés del pasado, receptiva a vídeos e imágenes, con ganas de experimentar con herramientas digitales, más libre con la composición y el lenguaje, muchas veces de carácter confesional, con temáticas amorosas, con la yuxtaposición de estados de ánimo, con otra aproximación a la metáfora… Hay ya buenas antologías y estudios. Pero lo básico para nuestros objetivos en el concurso es que aparece como menos exclusiva y excluyente. Que, con los desniveles propios entre unas calidades y otras de lo publicado, no se presenta como un abismo para el que se inicia en la escritura o lectura. Poesía es todo lo que se mueve, dice Parra.

Para participar es imprescindible conocer las bases completas de la convocatoria que se encuentran en la página del Club

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En periodo de votaciones: II Concurso Historias del viaje

En definitiva, no hay más que libros de viajes o historias policiales.

Se narra un viaje o se narra un crimen. ¿Qué otra cosa se puede narrar?

Ricardo Piglia 

Dotación: 1.000 euros

El plazo de admisión de originales: del 12 de junio al 11 de septiembre

Las votaciones serán del 12 de septiembre al 8 de octubre

Fallo del Jurado: el 31 de octubre

Una historia del viaje

Las propuestas de Historias de familiaHistorias de la calle e Historias del trabajo quieren animar a los participantes a explorar sus entornos más inmediatos, más familiares. Con ese mismo objetivo de buscar la intensidad y la autenticidad que surgen de las experiencias más directas, el planteamiento de Historias del viaje es una vuelta de tuerca a esa reflexión sobre lo vivencial, con la invitación a aproximarse a eso que no consideramos próximo, que buscamos fuera de nuestro entorno o nuestra rutina. Supone, por eso, un plus de esfuerzo sobre los otros concursos del cuadríptico. Un mayor compromiso. Porque acercarse a lo desconocido es uno de los impulsos fundamentales de la labor artística. El viaje y la narración como búsqueda (y registro) del extrañamiento, para mirar distinto: más y mejor. Porque también narrar requiere una distancia: distancia de los hechos, distancia de la experiencia para encontrar un relato. Lo que decía Beckett: el artista es el que fracasa donde nadie se atreve a hacerlo. O Bolaño: el que mete la cabeza en lo oscuro, el que se aleja hacia lo desconocido: “hacia lo que nos aterroriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha”.

Todo viaje tiene algo de iniciático. Entendido al menos en un sentido amplio (que tiene más que ver con la asimilación de conocimientos nuevos): El trayecto en dirección a lo que no conocemos, un lugar, un grupo de gente o un tema que en principio no nos resulta familiar, pero donde creemos que puede haber algo que nos enriquezca. El otro, lo otro, lo que queda más allá de los límites de lo que nos es cotidiano (cualquier frontera, por delgada que sea, tiene por objetivo crear una distancia), pero que nos nutre y nos matiza cuando lo alcanzamos: lo que acaba formando parte de nosotros, enriqueciéndonos. No es solo una distancia física: puede ser asimismo intelectual (con un planteamiento más abstracto), marcada por la diferencia de sensibilidades, o por la falta de curiosidad, o por pereza, o indiferencia o miedo. Porque también vivir en un barrio rico y pasear por un barrio pobre (o al revés) es un viaje: un viaje de conocimiento si se lleva la sensibilidad despierta, si se aguza la observación y se hila con inteligencia. O visitar una mezquita un cristiano, o una sinagoga un musulmán. Como en El río, de Renoir, con las ceremonias ante el altar de Kali, una de las diosas del hinduismo.

Hay muchísimos ejemplos. Todos ellos un buen punto de partida para resolver la invitación de este concurso, porque todo viaje es traducible en un relato, puede concretarse con un relato. Dice Piglia: “Yo diría que el narrador es un viajero o es un investigador y a veces las dos figuras se superponen”. Un buscador de epifanías: “momentos fugaces, casi imperceptibles, que condensan lo que ha quedado de la experiencia en ruinas”. Porque narrar comprende en sí mismo una experiencia de conocimiento, al menos cuando hay una ambición artística detrás, cuando el creador no se ha quedado en el ámbito confortable de lo trillado, de lo repetido, de lo fácil. Como En la ciudad blanca, de Alain Tanner, con las tomas hechas por un marinero con una cámara súper 8 (predecesora de las cámaras que hoy todos llevamos en los móviles) en sus paseos por Lisboa. Las cintas con esas notas visuales mudas -las cámaras súper 8 no podía grabar sonido- se transforman en cartas cuando se las manda por correo a su enamorada. El relato que surge, desordenado, intuitivo, sin montar, en el orden que ha sido filmado, es puro viaje: descubrimiento.

Decía Taine que viajamos no para cambiar de lugar, sino de ideas. El viaje que menos nos interesa aquí es el de turismo: las motivaciones hedonistas o escapistas tienen poco que ver con el reto de ese otro viaje de búsqueda, de aprendizaje, de saber nutrirse con lo diferente. Decía Ortega que el turista es el que no se entera bien de nada, el que resbala sobre un lugar sin oprimirse contra él, forzándole a darle su contenido. O Chesterton que el viajero ve lo que ve, pero el turista ve solo lo que ha ido a ver. Una cuestión de actitud. Aunque eso no impide que el turista pueda tener también esos fogonazos, abierto a un objetivo más ambicioso para su viaje. Lo que ha escrito Javier Reverte: “La aventura de viajar consiste en ser capaz de vivir como un evento extraordinario la vida cotidiana de otras gentes en parajes lejanos a tu hogar”.

George Steinmetz

Existen diferentes vías para resolver esta nueva propuesta. Por ejemplo:

Se puede hacer un esfuerzo de memoria para rastrear esas situaciones en las que hemos viajado a lo otro, a lo diferente (aunque estuviese a nuestro lado), y hemos vuelto luego a la realidad con la sensación de habernos enriquecido. Con un ejercicio que es casi dialéctico: de desfamiliarizarte primero con esa realidad para aprehenderla de nuevo con plena conciencia.

O lanzarse a una experiencia nueva de viaje, aunque sea solo un día, si no se dispone de más tiempo para abordar una experiencia más ambiciosa. Elegir esa otra realidad desconocida a la que nunca nos hemos aproximado con la curiosidad y la sensibilidad bien despiertas, aunque no esté lejos. Andar una ciudad es desandarla, construirla y volverla a construir, mirarla hasta que ceda sus misterios, hasta percibir sus dimensiones en el tiempo, escribió Alejo Carpentier.

O afrontar una dimensión mayor del viaje con la aventura, que involucra, además de la curiosidad y la sensibilidad abiertas a lo otro, un componente de riesgo. Cada uno situando lo que es para sí mismo el riesgo y cómo tratar de traspasar su frontera. Escribe Cervantes de don Quijote: “Prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras.” Después de todo, cualquier arte o literatura que merezca la pena surge de la asunción de un riesgo.

Unos pocos ejemplos

La Odisea, con el viaje de vuelta de Ulises de Troya a Ítaca, recupera un personaje de la Ilíada para trabajarlo más, con un rostro más complejo para el héroe, con lo que piensa y lo que siente de regreso a su hogar: La épica del mundo antiguo da paso a una narración más moderna en la que lo que se destaca es sobre todo la aventura personal, la humanidad del personaje antes que el poder de los dioses. Con unos rasgos que sirvieron luego a cínicos y estoicos para usarlo de ejemplo de resistencia a los reveses, de paciencia o de dignidad (tardó diez años en regresar, después de otros diez en combate). Homero encuentra en el viaje (o la aventura) el mejor marco para realzar a su protagonista. Un recurso que ha tenido un recorrido enorme en la historia de la literatura. Con otro pico excepcional: El viaje que, mucho después, Joyce, con su Ulises, retuerce, o redimensiona, o le amplia su sentido, al entenderlo también como las pocas horas que Leopold Bloom pasea por Dublín, conservando bajo la degradación de lo heroico el sentido último de lo que supone (o puede suponer) viajar.

En Los viajes de Gulliver hay una denuncia de los libros de viajes que se publican en el XVIII:

Mi respuesta [a un capitán que quiere ver escrita su historia, escribe Gulliver] fue que yo creía que ya estábamos más que saturados de libros de viaje, y que nada podía pasar en esta época que no fuera extraordinario, de donde sospechaba yo que algunos autores atendían menos a la verdad que a su propia vanidad o interés, o a divertir a lectores ignorantes. Y que mi relato no podía contener poco más que acontecimientos vulgares, sin aquellas descripciones tan adornadas de plantas, árboles, pájaros y otros extraños animales, o de las costumbres bárbaras y la idolatría de pueblos salvajes, en que abundan la mayor parte de los escritores.

Una crítica que sugiere la urgencia de apuntalar detrás del exotismo del viaje un relato fundamentado en el conocimiento. El viaje como un estímulo para mostrarse más receptivo el sujeto con lo que le es extraño (“No hay nada como alejarse un poco para curarse de la psicosis de la proximidad, de la deformación de la proximidad” decía Pla). Un viaje intelectual para el que esa comprensión del pensar como ensimismamiento es sustituida por el pensar como la estimulación de conexiones entre la sensibilidad y el pensamiento (también las emociones, los recuerdos, etc.). Al contrario que un encerrarse en sí mismo: Un abrirse al entorno en busca de estímulos, como un mecanismo de ruedas dentadas que mueven unas a otras. Con ese ejemplo excepcional en literatura que es Los anillos de Saturno, de W.G. Sebald: un viaje a la vez externo e interno por la costa este de Inglaterra, la descripción de los paisajes y el rastreo de sus personajes e historias: cada uno digerido por el narrador como una vivencia propia (de destrucción, por lo que observa) que lo sume en una melancolía también sintáctica. El viaje siempre como indagación (aunque no quede claro desde el principio). En este libro:

En agosto de 1992, cuando los días caniculares se acercaban a su fin, salí a caminar por el distrito de Suffolk, con la esperanza de disipar el vacío que se apodera de mí cada vez que concluyo un tramo largo de trabajo.

O en uno de sus relatos de Vértigo:

En octubre de 1980 viajé de Inglaterra, en donde para entonces yo había vivido durante casi 25 años, en un distrito que estaba casi siempre bajo cielos grises, rumbo a Viena, con la esperanza de que un cambio de lugar me ayudaría a superar una etapa de mi vida particularmente difícil. Sin embargo, en Viena descubrí que los días me resultaban demasiado largos, ahora que no estaban ocupados por mi acostumbrada rutina de escribir y hacer trabajos de jardinería, y literalmente no sabía a dónde dirigirme. Salía temprano cada mañana y caminaba sin rumbo ni objetivo por las calles de la ciudad antigua.

Viajar es, después de todo, un modo de practicar la libertad. También para el escritor que busca imprimirle el ritmo (e incluso el rumbo) de la marcha a su forma de pensar y de escribir, como un mismo flujo de temas y percepciones que se engarzan a cada paso. En el peor de los casos, un vagar y un divagar al tiempo.

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