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¿Qué es el club de escritura?

—Es una red de concursos literarios en abierto (todos leen, todos votan), con convocatorias muy diferentes, generosas dotaciones y acompañados de materiales didácticos especializados para todos los niveles.

—Es una plataforma de autopublicación gratuita desde la que compartir con quien desees todo tipo de escritos (literarios, profesionales...), sin límite de extensión y, si lo deseas, integrando fotografías, videos y otros recursos innovadores dentro del texto.

—Es una gran comunidad participativa de decenas de miles de lectores y aficionados a la escritura que se leen y ayudan entre sí con sus comentarios.

—Es una potente e innovadora herramienta de composición a disposición del texto literario tradicional al mismo tiempo que se abre a una nueva generación de textos enriquecidos.

—Es también un espacio didáctico en el que dar los primeros pasos en la escritura creativa gracias a sus talleres de iniciación y videotalleres, accesibles a todos.

 

Regístrate en el Club para participar Consulta la convocatoria más reciente

 

A lo largo de 2018 están previstos los siguientes concursos literarios

 

-Concurso Historias del trabajo. Dotación: 1.000 euros. Desde marzo hasta junio. ABIERTO Accede aquí

-El taller de escritura: concurso de microrrelatos. Dotación: 700 euros. Desde mayo hasta julio. ABIERTO Accede aquí

-Premio Café Madrid de proyectos de novela. Dotación: 4.000 euros. Desde enero hasta junio. ABIERTO Accede aquí

-Proyecto colectivo ¿A dónde va la escritura digital? Desde noviembre. ABIERTO Accede aquí

-Premio de poesía in-VERSO. Premio: publicación de un libro. Desde julio hasta septiembre

-XI Premio Joven de relato corto El corte inglés. Dotación: 2500 euros en premios. Desde marzo hasta abril. Accede aquí

-II Concurso de microrrelatos "El viaje que aún no he hecho". Dotación: 700 euros. Desde febrero hasta abril. Accede aquí

-III Concurso Historias de la calle. Dotación: 500 euros. Abierto el plazo para votar hasta el 12 de abril de 2018. Accede aquí

-Concurso Historias del viaje. Dotación: 1.000 euros. Desde junio a septiembre

-Concurso de relato filosófico. Dotación: 1.000 euros. A partir de octubre

-Concurso de preguntas ¿A dónde va la escritura digital? Desde noviembre a enero

-Concurso Historias de familia. Dotación: 1.000 euros. Desde septiembre hasta enero

Fechas y dotación por determinar

-Concurso El dios dinero. Previsto para los próximos meses

-Concurso El dios tecnología. Previsto para los próximos meses

-Concurso Pensar la memoria. Previsto para los próximos meses


Abierto el plazo, hasta el 11 de junio: III Concurso de Historias del trabajo

Premio: 1000 euros en premios y promoción de los premiados, y publiicación de los seleccionados

Admisión de originales: del 12 de marzo a 11 de junio

Periodo de votaciones: del 12 de junio al 11 de julio

Fallo del Jurado: el 31 de julio

accede a Historias del trabajo

Una historia del trabajo

No me gusta el trabajo, a nadie le gusta; pero me gusta que, en el trabajo, tenga la ocasión de descubrirme a mí mismo.

Joseph Conrad

Historias del trabajo, también en esta tercera convocatoria, quiere animar a los participantes a explorar sus entornos más cercanos. De inspiración realista, busca la intensidad y autenticidad que surgen de las experiencias directas y vivenciales. Con esta nueva propuesta os invitamos a contar historias que han tenido como escenario un lugar de trabajo (o en esas zonas limítrofes que son el desempleo o la formación). Puede ser de carácter testimonial o ficcional. Pueden ser propias o de otros compañeros. Antiguas o actuales. O, con un carácter más evocador, sobre la misma empresa o fábrica, y su organización, o sobre un hecho relevante o revelador: Historias mínimas, pero que reverberan todavía en el recuerdo del protagonista o el testigo, a veces amables, agradecidas, pero otras el registro de los embates de una realidad que puede ser demoledora.

El trabajo o, mejor, la relación del individuo con el trabajo, se mueve en un espectro de impresiones enorme, con una escala que tiene en un extremo su comprensión como realización de la persona y en el otro como castigo divino. Para unos el trabajo es el espacio en el que buscar sus metas vitales, desde donde poder hacer balance del éxito o fracaso de sus vidas. Un dios al que sacrificarlo todo (familia, tiempo, salud, aficiones…) con tal de tenerlo satisfecho. Para otros es esencialmente el castigo que impone Yahvé a Adán tras sorprenderlo pecando en el Paraíso: “Comerás el pan con el sudor de tu rostro”. Un fastidio necesario, pero que en circunstancias difíciles puede parecer, incluso en sus versiones más injustas y grotescas, un lujo, particularmente para colectivos que lo tienen todavía un poco más complicado (las mujeres, por ejemplo, la mitad de la población). Un espectro, por tanto, en el que caben todos los tonos para las historias.

Algunos relatos que han participado estos dos últimos años miraron al pasado, nostálgicos por ese mayor espacio para la artesanía y el campo, u horrorizados, por las condiciones durísimas que vieron en los oficios de sus padres y abuelos o que recordaron de su juventud. Otros al presente, con escenarios cambiantes, con una distancia mayor con el producto creado y menos apego por el patrón, y con relaciones más efímeras por una vida social más tangencial al puesto de trabajo, pero también con el entusiasmo o incluso el vértigo por las nuevas posibilidades que se van abriendo. Funcionaban muchos como denuncia, antídoto o aval de las predicciones que se repiten con cada cambio de ciclo, ahora con el que se espera de la sustitución de los trabajadores por robots. En un extremo: historias como las de los obreros excluidos de Ken Loach. En el otro: historias como la del carpintero Geppetto, que hace con sus propias manos a su hijo de madera. O su reverso: el Golem. O cualquiera de sus réplicas cibernéticas: lo que permite también aquí escribir sobre las relaciones laborales que intuimos para un futuro ya inmediato.

Sobre el trabajo en la literatura

La historia del cine la inaugura una película de unos pocos segundos que recoge la salida de los obreros de una fábrica de material fotográfico. Los hermanos Lumière, para representar el movimiento, filman en un solo plano a los trabajadores de su fábrica tras acabar la jornada laboral. En 1995, cien años después de esa primera película, Harun Farocki recupera la idea con el documental Trabajadores saliendo de la fábrica, que es la suma de imágenes rastreadas en películas de empleados abandonando su lugar de trabajo. Una salida que, con su tesis, sería un indicio de dónde busca el cine sus argumentos: fuera del trabajo, una vez que salen sus personajes de la fábrica, como si la vida dentro no permitiera buenas historias, por las rutinas hechas de repeticiones y una organización sin margen para decisiones personales. Pero ese encorsetamiento es solo superficial. Una persona le dedica al trabajo muchas horas cada día, la mitad al menos de las que pasa despierto. Es un espacio también para las relaciones personales, para concretar cada uno el proyecto que quiere para su vida, para satisfacciones e insatisfacciones tangenciales, para medir expectativas, etc. Como en El apartamento, de Billy Wilder. Han cambiado las condiciones laborales desde que los Lumière grabaron a sus empleados. El sector terciario es mucho mayor ahora. Y la informática ha generado nuevos empleos y ha transformado muchos de los anteriores: es todo ahora más global, aunque se trabaje desde casa, siempre o casi siempre con un ordenador. Pero el trabajo sigue ocupando nuestras vidas: lejos de cumplirse los presagios de un incremento enorme de horas de ocio cuando las máquinas multiplicaron la productividad de las fábricas en el XIX, las jornadas siguen siendo muy largas. Como en la escena de Charlot en la cadena de montaje en Tiempos modernos. Pero también, o sobre todo, en las oficinas, con nuevos mecanismos de poder atomizados y escalafonados: de lo que se queja Benedetti en sus Poemas de la oficina, y que trasmite bien Playtime, de Jacques Tati, con la escena en la que Monsieur Hulot no es capaz de llegar a una reunión importante, desorientado entre tantos cubículos para los empleados.

La diversidad de trabajos y condiciones laborales es enorme. Cada uno de ellos como un hábitat que le sirve al trabajador también de escenario de otras vivencias: no es verdad que la rutina y la mecanización de las tareas impida otras historias más sugerentes, que no quepan otras relaciones que las meramente profesionales o que el trabajador no pueda encontrar otras fórmulas más creativas para desarrollar su actividad. No buscamos para Historias del trabajo argumentos de utopías o distopías: queremos, más acá de eso, como hace Agnès Varda con los comercios en Daguerréotypes o Van der Keuken con su repartidor en Amsterdam Global Village, las historias personales que se localizan en ese eje de coordenadas que es el campo, la fábrica, la oficina, la calle o la carretera (u otras posibilidades más extrañas); en los que incluimos también el recuerdo de trabajos que ya han desaparecido o han cambiado del todo su fisonomía (muchos que desempeñaron nuestros padres o abuelos), o el tanteo ante nuevas formas de trabajar todavía no asentadas, que prueban con otros modos y medios de producción.

Eugene de Salignac, Pintores sobre el puente de Brooklyn, 1914

 

Sobre la escritura como trabajo

No es fácil vivir de la literatura (o solo de la literatura). Los escritores, por lo general, han tenido antes otros oficios o han compatibilizado la escritura con un trabajo que, además de un sueldo, les ha permitido una experiencia que luego han trasladado a sus libros. Baroja, por ejemplo, fue médico, como su Andrés Hurtado. O Jack London marinero y buscador de oro. Aunque a menudo los protagonistas de novelas y relatos son también escritores, aunque a nadie se le escape lo que advierte Auster sobre el tedio de espiar a un escritor. O, de no ser escritores, con profesiones afines, o que el escritor considera o quiere considerar afines (por la trasmisión y creación de conocimiento que les supone a sus libros): de más acá, profesores (sobre todo universitarios); de más allá, detectives o policías. Escribe Marías en Todas las almas, con su narrador en Oxford, en un ejercicio que es también de memoria para el autor:

Bastaba que yo estuviera nerviosamente encaramado a una tarima durante las pocas horas en que establecía contacto visual con ellos para que el distanciamiento entre los alumnos y yo fuera casi monárquico. Yo estaba arriba y ellos abajo, yo tenía un bonito atril delante y ellos vulgares pupitres con incisiones, yo vestía mi larga toga negra (con las cintas de Cambridge y no de Oxford, por cierto, para mayor reserva) y ellos no la vestían, y eso era ya motivo suficiente para que no solo no discutieran mis tendenciosas afirmaciones, sino ni siquiera me hicieran preguntas cuando peroraba sobre la sombría literatura española de la posguerra durante una hora que se me hacía tan interminable como la propia posguerra a sus literatos (a los antirrégimen, muy pocos).

Ricardo Piglia, sobre las posibilidades de la investigación en Blanco nocturno: lo que le dice el policía Croce al periodista Renzi:

Vos leés demasiadas novelas policiales, pibe, si supieras cómo son verdaderamente las cosas… No es cierto que se pueda restablecer el orden, no es cierto que el crimen siempre se resuelve… No hay ninguna lógica. Luchamos para restablecer las causas y deducir los efectos, pero nunca podemos conocer la red completa de las intrigas… Aislamos datos, nos detenemos en algunas escenas, interrogamos a varios testigos y avanzamos a ciegas. Cuanto más cerca estás del centro, más te enredas en una telaraña que no tiene fin. Las novelas policiales resuelven con elegancia o con brutalidad los crímenes para que los lectores se queden tranquilos.

Pero algunos escritores han sabido dar con profesiones más distantes y, por ello, también más jugosas para la literatura. En una entrevista a Playboy le decía Roberto Bolaño a Mónica Maristain: “El oficio en el que mejor me he desempeñado fue el de vigilante nocturno de un cámping cerca de Barcelona. Nunca nadie robó mientras yo estuve allí. Impedí algunas peleas que hubieran podido terminar mal. Evité un linchamiento (aunque de buena gana después hubiera linchado o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión)”. Lo que recuerda luego de Arturo Belano Mary Watson en Los detectives salvajes:

Recuerdo, casi al final de la noche, haber visto a Hans discutiendo con el vigilante nocturno. Hans hablaba en español y parecía cada vez más excitado. Durante un rato los estuve mirando. En determinado momento me pareció que Hans se podía a llorar. El vigilante, por el contrario, parecía sereno, al menos no movía los brazos ni hacía gestos desmesurados.
Al día siguiente, aún no repuesta de la borrachera de la noche anterior, mientras me bañaba vi al vigilante nocturno. En la playa no había nadie, solo él. Estaba sentado en la arena, completamente vestido, leyendo el periódico. Al salir del agua lo saludé. Él levantó la cabeza y me devolvió el saludo. Estaba muy pálido y con el pelo revuelto, como si se acabara de despertar.

Y un poco más adelante:

La garita en donde el vigilante pasaba las noches era tan pequeña que una persona que no fuera un niño o un enano no podía permanecer estirada en su interior. Intentamos hacer el amor de rodillas pero era demasiado incómodo. Más tarde lo intentamos sentados en una silla. Al final terminamos riéndonos y sin haber follado. Cuando ya amanecía me acompañó hasta mi tienda y después se marchó. Le pregunté dónde vivía. En Barcelona, dijo. Tenemos que ir juntos a Barcelona, le dije.

Y que recrea también Javier Cercas en Soldados de Salamina, devolviéndole su papel a Roberto Bolaño:

Bolaño conoció a Miralles en el verano de 1978, en el cámping Estrella de Mar, en Castelldefells. El Estrella de Mar era un cámping de rulots al que cada verano acudía una población flotante compuesta básicamente por miembros del proletariado europeo: franceses, ingleses, holandeses, algún español. Bolaño recordaba que, al menos durante el tiempo que pasaba allí, aquella gente era muy feliz, él también se recordaba a sí mismo feliz. Trabajó en el cámping durante cuatro veranos, del año 78 al 81, y a veces también durante los fines de semana de invierno; hizo de basurero, de vigilante nocturno, de todo.

-Fue mi doctorado -me aseguró Bolaño-. Conocí a una fauna humana de lo más variopinta. En realidad, nunca en toda mi vida he aprendido tantas cosas de golpe como allí.

Las posibilidades aquí también son muchas. Pero cabe también la otra dirección, o el otro sentido: la del profesional que decide también escribir, y hacerlo con ambición literaria, haciendo de verdad literatura, pero sin dejar de ser lo que ha sido hasta entonces para volverse escritor, sino sumando a su condición de médico o jurista o informático la de escritor. Quizá más con el ensayo, pero también con la novela. Bastan un par de ejemplos: Oliver Sacks, neurólogo, con sus libros excepcionales sobre casos médicos que él había tratado, o Tony Judt, historiador, con sus ensayos sobre Europa que han llegado a convertirlo para muchos en guardián de su conciencia.

 

Puedes conocer las bases completas de Historias del trabajo en la página del Club

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Abierto el plazo de admisión de originales, hasta el 17 de junio: El taller de escritura: concurso de microrrelatos

Premio: 500 euros para el primer premio

Admisión de originales: 15 de mayo a 17 de junio

Periodo de votaciones: 18 de junio a 9 de julio

Fallo del Jurado: 27 de julio

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Lo que tienen de muy bueno los talleres literarios es que allí uno se encuentra con gente para quien la literatura es algo real, importante.

Adolfo Bioy Casares

 

Con el estreno en España de la película El taller de escritura, de Laurent Cantet, hemos encontrado el mejor pretexto para convocar en el Club un concurso que recoja vuestras experiencias y expectativas con los talleres literarios: para explorar también aquí vuestro entorno, vuestra formación en la escritura si habéis acudido alguna vez a un taller (muchos de vosotros), o lo que creéis que podría ser, vuestras dudas o suspicacias o curiosidad si nunca habéis participado en uno.

Junto a Golem Distribución, que distribuye en España la película, hemos pensado en un concurso de microrrelatos: 500 caracteres para cada historia, para cada enfoque, en un ejercicio que para nosotros tiene inevitablemente algo de metarrelato, de ejercicio de introspección sobre nuestra práctica de la escritura con varios niveles en su sustrato. Al menos por dos motivos: 1) El Club de escritura se conforma a partir de las dinámicas del taller, busca motivaros para escribir, compartir lo escrito, comentarlo, analizarlo y reescribirlo, para aprender de la experiencia. Y 2) Un objetivo troncal de la Fundación Escritura(s) es introducir en la enseñanza obligatoria el taller de escritura para estimular la creatividad de los alumnos y permitirles una relación más intensa con el lenguaje y la literatura. Una alternativa al escritor encerrado en su torreón. Otra posibilidad, para nosotros más sugerente, aunque sea solo por aquello que decía Piglia: que todos los escritores son ciegos, que no pueden ver sus manuscritos, por lo que necesitan la mirada de otro. Con sus posibilidades didácticas: decía Chandler que la meta del profesor debía ser ayudar a sus alumnos a encontrar su manera de escribir, que su propósito no era imponer un criterio personal sino poder darse cuenta, según las leyes implícitas del criterio del alumno, de lo que no resistirá el paso del tiempo.

 

Bases del concurso

Las obras presentadas no pueden tener más de 500 caracteres, 5 fotografías y vídeos de más de tres minutos de duración. Pueden combinarse los tres registros hasta superarse en cada caso sus máximos.

Cada participante podrá presentar un máximo de una obra que deberá ser original e inédita.

La convocatoria comienza el 15 de mayo y el plazo de admisión de originales abarca hasta el 17 de junio.

Para poder acceder a los premios será necesario haber puntuado un mínimo de 10 obras en el periodo de votaciones, entre el 18 de junio y el 9 de julio.

El participante no podrá retirar su relato una vez cerrada la convocatoria.

El primer premio está dotado con 500 euros. Hay también premios al autor más votado por los miembros del Club y al mejor lector, por sus comentarios.

 

Los talleres de escritura

Nunca como hoy la escritura se ha convertido en un vehículo masivo de comunicación y expresión, ni nunca antes la capacidad de contar historias y canalizar poéticamente la experiencia se ha considerado un valor tan popularmente apreciado, al margen del ámbito de los profesionales de la literatura. Hoy saber contar historias es simplemente imprescindible.

Un taller de escritura permite desarrollar una parte fundamental de la formación integral de una persona: su capacidad de expresarse creativamente. Una capacidad, valga recordar, olvidada por los sistemas públicos de enseñanza, y también en la mayoría de los privados. Es decir, un taller de escritura no es para “ser escritor”, sino para cubrir una necesidad de formación esencial que nunca antes había sido atendida. Participar en un taller es una actividad con sentido en sí misma. Para muchas de las personas que se acercan a él, los lazos y las múltiples actividades que se despliegan en un taller enriquecen su mundo cotidiano, convirtiéndose en una parte importante de sus vidas. Porque permite, en el contexto de un grupo de trabajo constituido por personas muy diversas, contrastar las historias que uno tiene para contar. Eso permite además, con el paso de los años (un taller de escritura es una actividad de largo aliento), una evolución en nuestra forma de contar gracias a las opiniones de los demás.

La escritura es siempre un balance de la experiencia, las sensaciones, los sentimientos y las reflexiones que se van depositando en el día a día de nuestras vidas —además de una disciplina eficaz de ordenación del pensamiento—, configurando una identidad que necesitamos compartir con los otros. No en busca del éxito o el reconocimiento social, sino para recibir al menos el reflejo de cómo se proyecta nuestro mundo en la mirada de los otros. Un taller de escritura es siempre una comunidad de intercambio que cuenta además con el apoyo técnico de especialistas: la creatividad y la técnica creadora exigen un esfuerzo de aprendizaje que puede ser muy tedioso abordar en soledad. Porque hace tiempo que el común sueño de “ser escritor” se fue transformando en el deseo de escribir y compartir humildemente los resultados entre nuestros iguales, como una actividad cotidiana en la que mezclar la disciplina de un aprendizaje con la satisfacción de mantenerse en relación con quienes comparten ese interés por la creación. A quien la suerte y aun otros factores incontrolables le acompañen, podrá llegar a ser escritor o escritora, aunque no hay que dejarse engañar: esa no es una expectativa que le corresponda alimentar a un taller.

Talleres de escritura creativa Fuentetaja

 

Los talleres de escritura en la literatura y el cine

Es difícil ser exhaustivos, pero podemos apuntar aquí algunos ejemplos en la narrativa contemporánea que pueden servirnos de referencia. El taller funciona bien de marco y atmósfera para la acción, y le da también al relato un segundo nivel metaliterario, de reflexión sobre la propia práctica de la escritura y su aprendizaje. Cada vez más los talleres se han convertido en tema para la narrativa. Desde el humor, o la distancia, o la nostalgia de los primeros pasos, o desde el conflicto -sin conflicto no hay relato- para el escritor que lo tiene como segundo oficio. Aparece en Los detectives salvajes, justo al comienzo, y en Estrella distante de Roberto Bolaño, o en Fantasmas, de Chuck Palahniuk. Aparece, obviamente, en la película de Laurent Cantet, y en Maravillosa familia de Tokio, de Yoji Yamada o en El autor de Martín Cuenca. Y aparece también en tres grandes relatos de Etgar KeretJuan Villoro y Antonio Ortuño.

Etgar Keret ha escrito “Escritura creativa”, en el que el protagonista, tras la experiencia de su mujer en el taller, decide también apuntarse a uno. Escribe los cuentos y las reacciones a esos cuentos y la reacción de su autora a esas reacciones, y también los motivos para asistir al taller y para escribir lo que escribe cada uno. Un relato muy bueno que se alimenta de cuatro relatos redondos.

Tres semanas después, Aviad se apuntó a un taller de escritura para principiantes en Beit Ha-Sofer. No le dijo nada a Maya, y para más seguridad le pidió a su secretaria que si llamaban de casa dijera que estaba en una reunión muy importante y que no se le podía molestar. Aparte de él, en la clase no había más que un grupo de mujeres mayores que le dirigían unas torvas miradas. La instructora era una chica joven y delgada que llevaba la cabeza cubierta con un pañuelo, y las mujeres del taller chismorreaban sobre si viviría en un asentamiento religioso en los territorios ocupados o si tendría cáncer. Ella les pidió que hicieran un ejercicio de escritura automática.

Juan Villoro ha escrito “Corrección”, que arranca, con una analepsis, también en un taller de cuento.

Leía nuestros manuscritos como si contuvieran una verdad honda que por el momento nadie podía descifrar. Enemigo de las cordialidades inútiles, nos criticaba con una severidad forjada en los años duros de su militancia y que nunca ofendió a nadie: Zimmer nos tomaba tan en serio que sus demoliciones eran una forma de la generosidad; había algo estimulante y aterrador en que nuestras historias importaran. Naturalmente, muchos descubrieron que ningún acto podía ser tan responsable como el silencio y dejaron el campo libre a los incautos.

Con referencias incisivas a la metodología, sobre el coordinador del taller:

Zimmer dosificaba los elogios a sus relatos, como si temiese que el joven prodigio pudiera quedar ciego ante su propia luz o que un taller de admiradores le resultara inútil y nos privara de atestiguar sus progresivos hallazgos.

O sobre los talleristas:

Los compañeros de taller son los infinitos borradores que nos han leído y las críticas no siempre justas que nos han dicho.

O sobre uno mismo (o el recuerdo de uno mismo):

A los 17 años, tomaba el taller como una arena de competencia. Había invertido demasiada pasión en los deportes y desconfiaba de las actividades sin campeones.

Y Antonio Ortuño ha escrito “La batalla de Hastings”. Con el coordinador del taller de narrador, una revisión del cura sin fe.

Los muertos iluminan la ruta de los vivos. Por eso leemos: para que se inflame una antorcha. Bajo su luz escribimos. Se lo digo con la convicción de un tallerista literario de cuarenta años con problemas domésticos, un tipo que va para viejo.

Descreído, amargado, pero lúcido:

Escribir es caer en una telaraña y no salir más, les digo, pero a veces uno cae y se queda paralizado, sin nada que agregar. Somos bardos mercenarios que escriben algo que escuchamos en otra parte para venderlo a los miserables que puedan pagar por él. Somos unos mentirosos que adornamos, pulimos, deformamos, embellecemos lo repulsivo y lo tracamos en presentable, incluso si intentamos reflejar el lodazal.

Y un poco más adelante:

Escribir es inventar quiénes somos y por qué estamos en este campo sucio, con una espada en la mano y una cota de malla que parece camisa de hockey, y es encontrar en una mentira absoluta las razones para embestir a la estampida de locos que corren hacia nosotros. […] No vinimos aquí a redactar, damas y caballeros, bestias y diablos: vinimos a cortar gargantas.

El grupo, la lectura, la motivación, la percepción del propio entorno, los trabajos de documentación, los proyectos colectivos, la confianza, con el coordinador y los compañeros, para la crítica y la autocrítica, como los elementos propios del taller, con los que ahora Laurent Cantet (director también de La clase) ensambla las preocupaciones de nuestro tiempo: la educación, la juventud, la nostalgia, la violencia y la crisis. [ver tráiler] [ver los cines en España donde se proyecta]

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En la segunda fase del concurso, hasta el 12 de junio: I Premio Café Madrid de proyectos de novela

Premio: 4.000 euros en premios y publiicación de la novela

En la primera fase del concurso

Admisión de originales: del 1 de febrero al 2 de abril

Periodo de votaciones: del 3 al 23 de abril

Paso a la segunda fase del concurso: del 24 de abril al 21 de mayo (solo para las obras seleccionadas en la primera fase)

Periodo de votaciones: del 22 de mayo al 12 de junio

Fallo del Jurado: 2 de julio

accede a la segunda fase del Premio Café Madrid de proyectos de novela

Para doña Rosa, el mundo es su Café, y alrededor de su Café, todo lo demás.

Camilo José Cela, La colmena

CÓMO PARTICIPAR

El concurso tiene dos fases (eliminatorias): la primera abierta a todos los autores y la segunda exclusiva para aquellos que hayan superado la primera ronda. En la primera fase se enviará un primer capítulo o las primeras páginas de la futura novela y una breve sinopsis (hasta un máximo de 3.000 palabras, incluida la sinopsis, al final, de hasta 300 palabras). A los seleccionados se les pedirá luego un segundo capítulo (o las siguientes páginas, con un máximo total de 6.000 palabras). Superarán la primera fase los 20 participantes más votados por los usuarios, más un máximo de 20 participantes elegidos por la organización, con un criterio estrictamente literario, de calidad. En la segunda fase es un jurado profesional quien decide el ganador del Premio Café Madrid, dotado con 3.000 euros y una tutoría-taller de novela de 6 meses.

El autor, tras escribir el texto de ese primer capítulo o primeras páginas (3000 palabras son aproximadamente 5 folios) escribirá en un nuevo párrafo, con mayúsculas, SINOPSIS o RESUMEN, y, a continuación, con un máximo de 300 palabras (y sin superar en conjunto las 3000), una breve exposición del argumento que tiene o prevé para su novela.

Los autores deben votar al menos 10 obras en la primera fase para pasar a la ronda final. En esta segunda fase deberá votar también 5 obras para poder optar a los premios. Puedes leer el pacto ético del club más abajo.

EL PREMIO CAFÉ MADRID: UN CONCURSO DE PROYECTOS DE NOVELA

Este no es un premio a una novela. Es un premio a un proyecto de novela: No pedimos la novela completa, sino solo un aval, una prueba de la novela que puede llegar a ser. Primero un capítulo, o unas páginas, y una sinopsis muy breve de lo que sería la novela, y luego otro capítulo, u otras páginas, solo el comienzo, para intuirla completa. La elección es así mucho más arriesgada, pero es también más estimulante, porque el premio no supone tanto el reconocimiento a un buen trabajo (ya hecho) como el hacerlo posible, o contribuir a hacerlo posible. Por lo que pueden participar aquellos que ya tienen escrita su novela, pero también los que no han podido escribirla todavía y la tienen solo pensada o anticipada con unos pocos trazos. En ambos casos, el autor del texto elegido tendrá 6 meses para escribirla o reescribirla, aprovechándose además de los comentarios que hayan podido hacerle otros usuarios a esas primeras páginas. Basta con ser mayor de edad, con otros libros publicados o no. Queremos que sea para el premiado, ante todo, una oportunidad.

Cualquiera entiende que escribir una novela es complicado. Pero no hace falta ir tan lejos con las conclusiones: Solo sacar tiempo para escribirla es ya tremendamente difícil. Las circunstancias no son casi nunca propicias para quien quiere escribir una historia, arañándole tiempo al tiempo, buscando para la escritura el espacio que antes tenía el trabajo o la familia o el sueño. El esfuerzo que nos trasmite la imagen del escritor fijado a la silla, concentrado en el papel o en la pantalla del ordenador para sacarse de dentro las palabras, nos puede despistar del esfuerzo previo que ha tenido que hacer para ganarse ese tiempo, pero resolver esta primera cuestión es central. Prosaica, pero prioritaria (y excluyente). La correspondencia y los diarios de muchos escritores son cuadernos raquíticos de contable: las angustias y las quejas por un oficio que los obliga a una vida de renuncias.

También las dificultades pueden terminar mitificadas, como los síntomas, y no solo las condiciones indeseables, de ese primer acto heroico cuando luego se confirma una trayectoria sobresaliente, pero son más los damnificados que los aupados. Conocemos los casos fantásticos de García Márquez, con solo la mitad del dinero necesario para enviar a Buenos Aires su manuscrito de Cien años de soledad, después de haber sido rechazado en México, o de Roberto Bolaño, por ejemplo, vigilante nocturno en un cámping y participante tenaz de todo premio literario de provincias antes de convertirse en un dios, pero son los menos, y es difícil creer que las dificultades añadidas que tuvieron que afrontar pudieron ayudarlos a convertirlos en mejores escritores. Muchas veces es una lucha desigual la de uno contra sus circunstancias, lo que no obliga, desde luego, a una rendición incondicional, pero tampoco a recrearse en la miseria.

Es este el mejor momento para dejarse ayudar. Y para ayudar. La crisis económica se ha llevado por delante las pocas ayudas que había para apoyar a los escritores en sus comienzos, en forma de becas o de estancias. Por eso es para nosotros tan importante este concurso: porque el premio es facilitar estas circunstancias, apostar por el mejor comienzo de novela y permitirle a su autor acabarla, con una dotación económica que debe ser suficiente para ensimismarse en su historia los siguientes meses, y que se complementa además con formación específica, con una taller-tutoría de novela para trabajar los aspectos más técnicos, y con la publicación del libro. El premio como ayuda para ganar tiempo para escribir.

EL CAFÉ COMO GLOSA

La glosa es una forma poética en que un poema comenta o desarrolla otro poema, usando líneas sucesivas del poema original como línea final de cada estrofa del poema nuevo. El tema del concurso es libre. Pero os pedimos incluir, como en la glosa, una referencia a un café (cafetería, bar, restaurante…) en ese primer capítulo enviado de la novela. Con un cierto protagonismo o solo tangencialmente: lo que necesite vuestra historia. Puede ser, además, un buen punto de partida. Desde luego para cobijar vuestra novela bajo tantas otras excepcionales, no solo costumbristas, con el café como vórtice de las historias, por ser lugar de encuentro, de comienzos y finales de muchas relaciones, de confesiones, de ejercicios de introspección, de soledad, de ensayos de uno mismo con desconocidos… Pero sobre todo porque puede servir para amarrar la novela a vuestra propia experiencia, y hacerla así más viva y precisa, por ser el café un espacio social fundamental en nuestras sociedades, un escenario frecuente en la biografía de muchos de nosotros, en muchos recuerdos que nos han quedado grabados. También (o sobre todo) en las biografías de los escritores o artistas: por ejemplo el café Floré, en París, de Apollinaire primero y luego de Sartre (y de Hemingway y de Capote), o el café Gluck, en Viena, de Stefan Zweig, de su relato Mendel el de los libros, sobre un vendedor judío de libros viejos que acude todos los días muy temprano a su rincón en el café, convertido en su despacho. O El Cervatillo de Buenos Aires en el que Piglia le hace reflexionar -la reflexión central de su vida y de su obra- a su álter ego: “Una vida no se divide en capítulos, le dijo aquella tarde Emilio Renzi al barman de El Cervatillo, acodado en la barra, de pie frente al espejo y a las botellas de whisky, de vodka, de tequila que se alineaban en las estanterías del bar”.

Puedes conocer las bases completas del Premio Café Madrid de proyectos de novela en la página del Club

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Abierto el plazo de votaciones, hasta el 27 de mayo: XI Premio Joven de relato corto El Corte Inglés

Premio: 2500 euros en premios

Admisión de originales: del 28 de marzo a 29 de abril

Periodo de votaciones: del 30 de abril al 27 de mayo

Entrega de premios: el 29 de junio

accede al XI Premio Joven de relato corto

TE ESTÁBAMOS ESPERANDO

Hace tiempo que descubriste en las palabras un hogar. Algunas de las personas más significativas de tu vida, nacieron en la mente de autores remotos y tú les acompañaste en sus historias. Has aprendido y sentido mucho a través de sus relatos. Para ti, sin duda, la literatura es un regalo.

Así que ¿cómo no intentar hacer tu propia aportación?

Comenzaste a escribir y pronto descubriste que nunca es fácil. No importa cuánto tiempo lleves ya invertido. A veces tienes miedo de estar malogrando tus propias narraciones y los personajes que has creado. Mientras, los maestros se mantienen siempre inalcanzables. Quién sabe, tal vez hasta te gustaría dedicarte a eso en alguna medida. Puede que no tengas muy claro qué clase de ocupación es ésa, pero la idea suena bien. O puede que lo estés intentando ya. O que no tengas demasiadas pretensiones, pero lo hagas por disfrute, desafío o, incluso, necesidad. Pero si has llegado hasta aquí, lo más probable, es que quieres que se te lea.

Presentación de la X edición del concurso, en marzo de 2017

BASES

Podrá participar cualquier escritor, novel o experimentado, con una única obra inédita y original que deberá estar escrita en castellano o euskera. No ha podido ser publicada con anterioridad ni premiada en otros certámenes ni en cualquiera de las ediciones de este concurso.

La edad mínima de los participantes será de 16 años y la máxima de 35.

Las obras presentadas deben contener entre 1.000 y 2.000 palabras.

El plazo de presentación de las obras comienza el 28 de marzo y finaliza el 29 de abril del mismo año.

Las obras se presentarán exclusivamente a través de la web Club de escritura dentro de la convocatoria XI Premio joven de relato corto (en la url https://clubdeescritura.com/convocatoria/xi-premio-joven-relato-corto/).

Los participantes, una vez presentado el relato, deberán enviar un correo ateneo@ateneonavarro.es adjuntando su DNI o pasaporte escaneado antes de la finalización del plazo de admisión de originales. Ese correo deberá llevar como título el de su relato y en el cuerpo el enlace en el que está publicado.

Aquellos relatos que opten a premio de mejor relato navarro [bien porque sean originarios, bien porque vivan en la Comunidad Foral de Navarra, España], deberán añadir al final del título del relato el código –DN para que puedan identificarse como candidatos a ese premio. Este código se añadirá tanto en la publicación como en el correo mencionado en el punto anterior.

Antes de hacer el fallo público se comprobará que efectivamente las personas premiadas cumplen los requisitos indicados.

Para poder acceder a los premios será necesario haber puntuado un mínimo de 5 obras en el periodo de votaciones (del 30 de abril al 27 de mayo).

La organización no mantendrá correspondencia sobre las bases del concurso. El participante debe leer detenidamente las bases completas. Puede consultar sus dudas sobre el funcionamiento del Club en Preguntas frecuentes.

La organización del concurso se reserva el derecho de publicar las obras finalistas en futuras antologías tanto en formato físico como digital.

Cualquier publicación posterior de los relatos premiados en otros medios, tanto impresos como digitales, deberán incluir la información “Ganador/finalista/mejor Relato navarro en el XI Premio Joven de relato corto El Corte Inglés”.

Es imprescindible la presencia de los ganadores o personas designadas en el acto de entrega de premios para poder recibirlos. Tendrá lugar el 22 de junio en Pamplona.

Una vez publicada el acta con la decisión del Jurado, el participante, si no ha sido premiado, podrá solicitar la retirada de su texto.

La participación en este premio supone la total aceptación de las presentes bases y de las decisiones del jurado que serán inapelables. Cualquier incumplimiento en las bases del concurso procederá a la descalificación automática del participante.

Entrega de premios de la X edición del concurso en junio de 2017

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Publicación del acta del jurado el 1 de junio: El viaje que aún no he hecho

Premio: 700 euros en premios

Admisión de originales: del 16 de febrero al 9 de abril

Periodo de votaciones: del 10 de abril al 7 de mayo

Fallo del Jurado: el 1 de junio de 2018

accede a El viaje que aún no he hecho

Nunca vivimos en nosotros mismos, sino siempre más allá.

Michel de Montaigne

Chema Madoz, Sin título, 1992

El viaje no es solo el viaje, o no es solo la concreción del viaje. La experiencia se extiende más allá, se desborda, hacia delante, con los preparativos, y hacia atrás, con el recuerdo o las secuelas. Nos interesa aquí el periodo de tiempo desde que se piensa en el viaje hasta el momento mismo de comenzarlo. Con una peculiaridad, además: que ese comienzo no haya llegado todavía, y que sea posible (e incluso probable) que no llegue nunca, sin estropear esa circunstancia la vivencia riquísima de su planificación. Con B the travel brand os proponemos de nuevo, tras el éxito de la convocatoria pasada, centraros en esa primera fase para escribir vuestro microrrelato de viajes, hecho solo de las expectativas. Y os pedimos esta vez, en la medida de lo posible, que lo acompañéis de material gráfico: una fotografía, un dibujo o un mapa (podéis usar street view, insertado en el editor de textos del club).

Preparar un viaje es decidir dónde ir, cómo, cuándo, con quién (o solo). Pero también leer sobre el lugar (guías, crónicas, novelas ambientadas ahí), ver documentales y películas, memorizar mapas, hablar con quienes ya han estado… Ir tejiendo una red de afectos hacia ese lugar, imaginarse el viaje, recrearlo creyéndose uno ahí, para luego poder exprimirlo del todo, y no caer en el rol del turista pasivo en el que resbalan todas las experiencias. Ayudarse a tener los ojos (y los oídos) bien abiertos para no dejar escapar nada. Que no se haya realizado todavía le permite al viaje pensado seguir creciendo, seguir ensanchándose, y convertirse en deseo vertebral de una vida, tenerlo siempre en mente como proyecto primero si las condiciones cambian en un determinado momento a mejor. Se vuelve así una referencia vital, y una buena respuesta para explicarse uno mismo quién es.

Franco Matticchio, Time Travellers

La literatura de viajes es uno de los grandes ejes para la escritura, muy abundante, hecha de varios géneros y subgéneros, incluso de diferentes temas. Con el de esta convocatoria no buscamos propiamente el relato del viaje ya hecho, sino el que está por hacer: no el relato de los hechos, sino de los deseos. Como hizo Tabucchi con Samarcanda: En “Libros nunca escritos, viajes nunca hechos” (dentro del libro Se está haciendo cada vez más tarde) un hombre le escribe nostálgico una carta a una mujer. Comienza el relato minucioso del viaje con un Te acuerdas:

Amor mío: ¿Te acuerdas de cuando no fuimos a Samarcanda? Elegimos la mejor época del año, a principios del otoño, los bosques y los matorrales de los alrededores de Samarcanda, allá donde declinan las colinas áridas y asoma la vegetación, se inflaman de hojas rojas y amarillo ocre, y el clima es dulce, decía nuestra guía, ¿te acuerdas de nuestra guía?, la habíamos comprado en una pequeña librería de la Île Saint-Louis, Ulysse, especializada en libros de viajes, casi todos usados y a menudo subrayados y anotados por las personas que habían hecho esos viajes dejando en las guías sus apuntes, por lo demás utilísimos, del tipo: “fonda recomendable”, o bien “evitar esta carretera, peligrosa”, o bien “en este mercado se venden alfombras finas a precios asequibles”, o bien “atención, en este restaurante estafan en la cuenta”.

El texto son los pormenores del viaje. Pero, hacia la mitad del relato, hace un quiebro perfecto al reconocerlo como un sueño nunca realizado:

Por eso te recuerdo el viaje que no hicimos a Samarcanda, porque eso sí que fue verdadero y nuestro y pleno y vivido. Y por lo tanto sigo con nuestro juego. Como dice ese filósofo del que te hablaba, la memoria evoca lo vivido, es precisa, exacta, implacable, pero no produce nada nuevo: ése es su límite. La imaginación, en cambio, no puede evocar nada, porque no puede recordar, y ese es su límite: pero en compensación produce algo nuevo, una cosa que antes no existía, que nunca había existido. Por ello, utilizando estas dos facultades que pueden ayudarse mutuamente, estoy aquí para evocarte aquel viaje nuestro a Samarcanda que no hicimos pero que imaginamos hasta en sus más exactos detalles.

Ha dicho Javier Reverte que el mejor de los viajes es siempre el próximo. Y Carlos Olmo que el viajero sabio viaja más lento, pero ve más. Son dos buenas premisas para escribir hasta 500 caracteres sobre el viaje no hecho (todavía): el que sabe lidiar, además, con la contradicción que le encontraba Kapuscinski a su oficio de escritor viajero: La escritura -decía- nace del viaje, pero el viaje imposibilita la escritura, pues es demasiado precioso como para restarle siquiera un ápice de tiempo.

Eugene Smith, Camino al jardín del paraíso, 1947

CARACTERÍSTICAS

Los concursos del Club de escritura buscan ser ejercicios motivadores, un modo sugerente de trabajar propuestas para la práctica de la escritura. La plataforma del Club ha sido diseñada para facilitar la participación, la interactividad y la transparencia. Sus concursos son abiertos: desde el mismo momento en que se presenta una obra, esta se abre a la lectura, al comentario y a la recomendación por parte de cualquier visitante del club. Más adelante, la obra se somete también a la votación, en el entorno de un sofisticado sistema de programación y bajo el control de reglas destinadas a evitar abusos.

Las obras presentadas no pueden tener más de 500 caracteres. Pueden contener también hasta 5 fotografías y vídeos de un máximo de 3 minutos de duración (alojados en plataformas externas del tipo Youtube o Vimeo). Pueden combinarse los tres registros hasta superarse en cada caso sus máximos.

Se valorará positivamente la inclusión de al menos una fotografía (o dibujo o mapa).

Fechas: La convocatoria comienza el 16 de febrero y el plazo de admisión de originales abarca hasta el 9 de abril. Votaciones del 10 de abril al 7 de mayo. Fallo del Jurado: 1 de junio de 2018.

Para poder acceder a los premios será necesario haber puntuado un mínimo de 10 obras en el periodo de votaciones. El club es un espacio para ser leído y comentado, pero también para leer y comentar las obras de otros.

El nuevo editor de textos quiere servir de incitación al usuario para experimentar nuevas fórmulas narrativas. Lo que hemos hecho, por ejemplo, en “Escritura(s)”. Por texto entendemos también narrativas hechas a partir de fotografías, vídeos y música (registros que conviven a la misma altura).

La organización no mantendrá correspondencia sobre las bases del concurso. El participante debe leer detenidamente las bases completas. Puede consultar sus dudas también en Preguntas frecuentes.

Para participar es necesario conocer las bases completas de la convocatoria que se encuentran en la página del Club

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