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Javier Rodríguez Marcos, nacido en Cáceres en 1970, es escritor de poesía y de literatura de viaje. Estudió filología. Es autor de los libros de poemas Naufragios, Mientras arden y Frágil. Ha escrito los libros de viaje Los trabajos del viajero: tres lecturas de Cervantes y Medio mundo, así como el relato Nosotros, los solitarios. Es redactor y crítico en Babelia, el suplemento cultural de El País.

 

 

Como escritor y periodista, ¿cómo describirías la irrupción de lo digital en tu rutina de escritura? Señala si te es posible la descripción de nuevos y viejos hábitos a la hora de ponerte a escribir. ¿Se ha modificado tu forma de pensar y estructurar tus escritos respecto a los tiempos en que carecíamos de herramientas digitales? ¿Cómo han cambiado el ordenador u otros dispositivos y recursos digitales tu método de trabajo?

La irrupción de lo digital ha cambiado totalmente mi forma de escribir, pero no mi forma de pensar lo escrito. Paso mucho tiempo en los transportes públicos y sigo tomando notas en papelitos y en las guardas de los libros. Sigo haciendo a mano esquemas para artículos, reportajes y entrevistas. Hubo un tiempo remoto en que escribía a mano borradores de artículos, cuentos y poemas. Ya solo lo hago con los poemas.

Los recursos digitales son fundamentales para buscar información y, sobre todo, para corregir.

 

Como periodista especializado en literatura y escritor por una parte y como persona común por otra, es decir, como herramientas de trabajo y como herramientas de vida, ¿cómo describirías tu relación con tu teléfono, tu ordenador, tu tableta?

En el teléfono consulto y respondo el correo electrónico, leo los periódicos y he llegado incluso a leer libros enteros. Una vez que te acostumbras no hay mayor problema. Un teléfono, ya se sabe, es hoy mucho más que un aparato para hacer llamadas. El ordenador es sencillamente más rápido y cómodo. Todavía no he llegado al nivel de mis colegas nativos digitales, que escriben sus crónicas directamente en el móvil. Yo no tengo esa capacidad digital (en los dedos, me refiero).

 

A partir de tu experiencia como responsable de libros en un medio que tiene dos caras: una en papel y otra digital como Babelia, ¿cómo percibes la transformación del lenguaje escrito que hoy se opera en los medios digitales? En ese trasvase de la escritura de un soporte analógico a un soporte digital, ¿cuáles son los conflictos más relevantes que se detectan desde tu experiencia en un diario de gran difusión? ¿Qué preocupaciones que afecten a la escritura misma, al lenguaje, te inquietan más?

Creo que la mayor novedad se da en la posibilidad digital de enriquecer los textos con imagen en movimiento, enlaces y audios. También en la posibilidad de poner en práctica nuevos formatos y casi géneros. Lo pude comprobar cuando tuve un blog en EL PAÍS (“Letra pequeña”, se llamaba, todavía se puede consultar). Por ejemplo, la publicación de una foto, de un poema o de un comentario mínimo o de un diálogo satírico. Es más flexible que un medio impreso como el diario en el que trabajo, sometido –por suerte- a un libro de estilo muy rígido.

 

Podríamos decir que asistimos a los albores de un nuevo lenguaje híbrido en el que se integrarían registros que hasta ahora iban por separado —palabra escrita, imágenes en movimiento, sonido…— sumados a nuevas posibilidades expresivas —hipertexto, interactividad, escritura multimodal, colaborativa, mutabilidad permanente del texto publicado…—. La prensa escrita en su versión digital es el escenario que lidera la exposición cotidiana de todas esas nuevas posibilidades. ¿Cómo describirías su presente y cómo visualizas la evolución a futuro de ese nuevo lenguaje escrito, incluso más allá de la prensa digital?

Siempre ha habido lenguajes híbridos –la ópera, por ejemplo- pero el universo digital permite su extensión casi infinita. Eso sí, no creo que elimine los otros lenguajes ni nuestra necesidad de ellos. Un poema en un libro (o copiado a mano o fotocopiado) se basta muchas veces por sí mismo. A veces –casi siempre- basta con escuchar una canción sin ver al intérprete. Tener acceso a todas las posibilidades es maravilloso pero no obligatorio ni excluyente. Yo crecí en una ciudad –Cáceres- sin cine en versión original fuera del cineclub de la universidad y sin acceso a la prensa extranjera, que no llegaba. A veces pienso cómo habría sido mi adolescencia con Internet.

 

Desde el uso popular masivo de los emoticonos y los gifs animados hasta la fascinación que provocan las posibilidades de la realidad virtual aplicada a los medios de prensa digital, en un medio como en el que tú has desarrollado tu experiencia en un puesto en el que la reflexión es obligada, ¿cómo es el debate y la estrategia para abordar las innovaciones necesarias que profundicen las posibilidades de este nuevo lenguaje “escrito”?

Todo nuevo lenguaje enriquece siempre que su inmediatez no empobrezca nuestra experiencia de la lectura ni excluya la posibilidad de la lectura digamos tradicional. Un emoticono o un gif pueden ser muy expresivos e inmediatos –lo mismo que un aforismo de Lichtenberg o una greguería de Gómez de la Serna-, pero seguimos necesitando discursos complejos que requieren atención y paciencia, es decir, tiempo. Un periódico es un buen laboratorio porque hay muchos grados de información entre un pie de foto, la foto misma, una infografía, un reportaje, una entrevista por cuestionario o una hecha delante del entrevistado (incluso entre una entrevista en un hotel y otra en casa del entrevistado).

 

En lo concreto del día a día, ¿qué tratamiento dan los medios en que has trabajado a un texto remitido para la edición en papel en relación con el tratamiento de la edición digital? ¿Cuál es tu posición sobre el trato (si fuera diferente) a un texto en papel o en pantalla?

El ideal es que el trato sea el mismo, pero la velocidad de trabajo digital y la reducción de las plantillas en las redacciones hace que un texto escrito directamente para la edición digital pase menos filtros. Es una pena pero es así. Hemos asociado tanto lo digital a lo gratuito que muchas veces terminamos recibiendo un producto que, para ser gratis, tiene todavía mucho nivel. No es cinismo, es una reflexión derivada de las críticas que suelen recibir medios. Nos sentimos con derecho a criticarlos por sus errores pero no estamos dispuestos a pagar para garantizar que no se cometan. No éramos tan estrictos con los diarios gratuitos que nos daban en el metro.

 

En su versión digital es frecuente que los medios utilicen robots para redactar noticias menores o para introducir hyperlinks de forma automática. Se intenta en este último caso multiplicar los enlaces auto-referenciales para incrementar tráfico de páginas vistas, satisfacer los requerimientos de los buscadores al dictado del SEO y aumentar el valor publicitario del medio. ¿Cómo has vivido este proceso en tu trabajo en Babelia y como observador de las prácticas de otros diarios? ¿Crees que sería necesario limitar la automatización de ciertas funciones? ¿Existen en tu medio vías de comunicación entre los responsables de redacción o edición y los encargados de optimización digital de los contenidos?

Jamás he visto en mi periódico una noticia redactada por un robot. Y sí, existe comunicación continua entre la redacción de las noticias y los encargados de su mejor difusión digital. La buena distribución de los textos que producen es hoy parte del trabajo de los periodistas.

 

¿Qué tipo de prácticas te preocupan más del uso que se hace los medios de las nuevas tecnologías, sobre todo respecto de los usos del lenguaje?, ¿qué derechos básicos deberían ser reconocidos a los textos de los escritores-colaboradores destinados a cualquier medio digital? ¿Qué dificultades aprecias a, por ejemplo, reconocer el derecho de los autores a editar sus propios textos en el mismo medio digital en que se publiquen?

Los responsables del posible mal uso del lenguaje en los medios no son los medios como entes abstractos sino quienes escriben en ellos. Tanto en el papel como en el mundo digital. Eso marca la diferencia entre unos periódicos y otros y entre periodistas dentro del mismo medio. Respecto a los derechos de los colaboradores a editar sus propios textos, la situación es la misma que en las ediciones impresas: el sueño de un editor que trabaja en una redacción es no tener que editar texto alguno. Eso significaría que los que le llegan cumplen los criterios de rigor, claridad y buena redacción que todos buscamos. Casi todo el mundo baja la guardia cuando sabe que alguien más leerá su texto antes de que se publique. Por eso son tan importantes los editores y los correctores.

 

¿Cómo valoras personalmente y cómo valora tu medio el componente social inherente a la digitalización de la prensa cultural: priorizar lo que más gusta y se comparte, cómo entender la moderación a los comentarios en los artículos, la prolongación de las noticias y los debates en redes sociales externas, etc.? ¿Qué nuevas obligaciones (¿quizás autocensuras?) se contraen a la hora de pensar en un medio social que de forma inmediata cifra audiencias y lecturas?

Por suerte, un suplemento como Babelia tiene en cuenta ese componente social como un factor más en su trabajo pero no cómo el único ni el determinante. Si tenemos que hablar de Jung lo haremos sin pensar que pueda –o no-ser tendencia en las redes sociales ese sábado. Por otro lado, nuestra portada sobre Jung –escrita por el filósofo Juan Arnau- fue una de las noticias más vista y leídas de nuestra edición digital el año pasado. Lo que demuestra que el lector de Internet no solo demanda contenidos livianos o listas (que sí, tienen éxito). Otro ejemplo sería el comentario de Luis Fernando Moreno Claros a la versión alemana de los cuadernos negros de Heidegger. Todo un éxito.

 

De tus relaciones con los escritores que colaboran con tu medio y en general del panorama de autores literarios que conoces, ¿qué impresiones recientes tienes de los conflictos de los escritores para adaptarse a la escritura y la publicación digital?

Es una cuestión generacional. A los escritores jóvenes no les importa aparecer solo en la edición digital. Seguramente porque su entorno no consulta la de papel. Con el tiempo, esa actitud será la norma. Respecto a la escritura, diría que el único que sigue mandando sus artículos por fax es Javier Marías.

 

En tu valoración, ¿qué ventajas sustanciales destacas en los cambios de los nuevos hábitos de lectura y escritura digitales? ¿Qué ventajas le ves a los nuevos recursos expresivos propiamente digitales? ¿Por cuáles te has dejado seducir ya sea como lector ya sea a la hora de escribir?

La accesibilidad a casi cualquier contenido es la mayor ventaja. Los recursos expresivos suelen ser versiones rápidas de recursos que antes eran lentos. Antes los memes te llegaban por correo en forma de postales trucadas con tijeras y pegamento por amigos ingeniosos.

 

¿Qué te inquieta o preocupa de la generación de los más jóvenes al respecto del horizonte digital?

Que se identifique digital con gratis, instantáneo y simple y no se dé lugar a mensajes complejos.

 

Desde los orígenes mismos de la escritura, muchos escritores han usado dibujos y otras inscripciones ajenas a la palabra asociadas a sus textos. Ya en las últimas décadas, autores como W. G. Sebald han aportado valiosos sentidos al uso de la fotografía en la novela. Si un nuevo estándar de ebook aceptado por todos los actores editoriales permitiese el uso sencillo de sonidos, música y/o imágenes en movimiento en ese formato de libro, ¿percibes algún conflicto en la posibilidad de que los autores experimentasen con ese tipo de recursos en un contexto literario de índole narrativo o poético?

Contando con que exista ya y yo no lo conozca, me encantaría que apareciera un autor que de verdad creara algo nuevo usando todos los lenguajes que tenga a su alcance. Creo que es más fácil que eso suceda en el ámbito de las artes plásticas –pienso en poetas/artistas como Rogelio López Cuenca o Isidoro Valcárcel Medina- que en el de la literatura, que tiende a ser conservador incluso cuando se cree rompedor. Sebald es un buen ejemplo de autor conservador que pasa por rompedor simplemente porque en sus libros hay fotos. El gran reto no es cambiar el léxico sino la sintaxis. Pero eso es algo que ya decían los futuristas en 1913.

 

¿Sueñas con algún tipo de recurso digital aún no existente?

Que se perfeccione el programa que convierte en texto las entrevistas orales. Me conformo con poco.

 

¿Qué autores tanto en el ámbito hispanohablante como en el internacional crees que están avanzando propuestas más innovadoras e inteligentes en el marco de la transformación del lenguaje que está(n) trayendo la(s) revolución(es) digital(es)?

Diría Kenneth Goldsmith como creador (o destructor) con nombre y todos los creadores anónimos que hacen memes al hilo de la actualidad. Esta anonimia medieval de la redes es muy enriquecedora incluso cuando es injusta. Es un peligro, cierto, por eso hay que formar a lectores críticos. Por otro lado, Internet ha producido muchas reflexiones de altura. Por no salir del ámbito del español, pienso en autores como César Rendueles y su ensayo Sociofobia o Delia Rodríguez y Memecracia.

 

¿Qué medios, de gran difusión o de carácter más marginal, están respondiendo a tu juicio de forma más significativa e innovadora a este reto?

La ventaja de los grandes medios es que pueden alojar espacios con el espíritu de los pequeños. Pienso en Verne dentro de EL PAÍS. El problema de los pequeños es reproducir el esquema de los grandes sin medios para hacerlo. Cuando no tratan de reproducirlo hay resultados tan interesantes como la revista digital Contexto. No obstante, lo que necesitamos, creo, no es tanto creación y opinión (digital o analógica) como información, que es lo más caro de todo. Y lo decisivo para una democracia. Nos invade la propaganda y el único antídoto es la información. ¿Estamos dispuestos a pagar por ella?

 

¿Qué translación de soportes de lectura fuera del dispositivo libro crees que pueden arraigar como espacios literarios o campos ficcionales para autores contemporáneos: redes sociales, Facebook, Twitter, Whatsapp…? ¿Te ha llamado la atención algún autor (nacional o foráneo) en ese sentido?

El caso de Bartual este verano podría ser un ejemplo de exploración de Twitter como herramienta narrativa. Bartual aparte, el reto sería que los creadores no usaran las nuevas herramientas como versiones del viejo libro. Y, sobre todo, con la manera de contar en un libro. Hay gente extasiada con las posibilidades combinatorias de Internet que desconoce la existencia del Oulipo francés. El adanismo es otra de las enfermedades de nuestro tiempo. La Red está llena de adanes y evas.

 

¿Cómo observas el uso de las redes sociales en el marco de la promoción (de sí mismos y de sus obras) a la que se sienten obligados los escritores para dotar de alas a su carrera? ¿Te ha llamado la atención algún autor (nacional o foráneo) por su habilidad en manejarse en este abrumador cambio de las reglas del juego de la autopromoción que se ha operado en la última década?

La autopromoción se ha generalizado tanto que su versión más divertida es la que se disfraza de falsa modestia. Dicho esto, las redes sociales me parecen una fuente de información valiosísima. También para seguir la pista a los escritores. Además, es un campo estupendo para que todos seamos por fin artistas (conceptuales).

 


En nuestro intercambio de correos con Javier Rodríguez Marcos añadimos días después dos preguntas finales al cuestionario:

¿Tienes constancia o sospechas que un artículo como el de Marta Sanz titulado “¿Es posible una literatura de urgencia?” y publicado en tu periódico el pasado Agosto, pudiese haber sido sembrado de enlaces por un robot/plug-in? ¿Cómo explicarías un caso como ese? ¿Qué sentimientos te suscita? ¿A quién crees que deberíamos dirigirnos para tratar de esclarecer lo ocurrido con el texto de Marta y, eventualmente, para de paso mediar una reparación que la propia Marta desea?

Nos contestó en el correo de vuelta:

La confusión de los raimones estaba en el original y en la edición se nos olvidó corregirla. Respecto a los enlaces (en azul), suelen adolecer de una mezcla de urgencia, generalismo periodístico y necesidad de situar a un lector, por ejemplo, peruano o brasileño que puede no saber que es ‘Tentaciones’. Te puedo enviar textos mismos editados digitalmente por mí mismo en los que cada enlace es mucho más preciso. Durante años publiqué en El País el blog Letra pequeña y está lleno de ejemplos.

He estado revisando el proceso de encargo, recepción y edición del texto de Marta y puedo decirte, sin lugar a dudas, que los enlaces los puso un redactor y no un robot. (…) He preguntado a otros compañeros en otras secciones y siempre se ocupa un ser humano de los enlaces. Otra cosa es que puedan ser más o menos acertados.

 


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LA CONVERSACIÓN CON JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS FORMA PARTE DEL PROYECTO DE REFLEXIÓN ¿A DÓNDE VA LA ESCRITURA DIGITAL? QUE DESARROLLA LA FUNDACIÓN ESCRITURA(S) EN EL CLUB DE ESCRITURA

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