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Jorge Carrión (1976) es escritor, crítico literario y director del Máster en Creación Literaria de BSM-UPF en Barcelona. Colabora regularmente en la edición española de The New York Times y en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia. Sus últimos libros publicados son los ensayos narrativos Barcelona. Libro de los pasajes (Galaxia Gutenberg) y Librerías. Edición aumentada (Anagrama), que ha sido traducido a diez idiomas. Contestó nuestro cuestionario el 20 de septiembre.

¿Cómo describirías tu rutina de escritura? Señala si te es posible la combinación de tus hábitos analógicos y digitales al poner en palabras lo que deseas escribir.
Todos los días escribo algún tipo de texto. Sobre todo correos electrónicos, estados de Facebook, tuits y artículos (a menudo, también, entrevistas como ésta, por e-mail). Los escribo yendo continuamente de una ventana a otra de la computadora. De hecho, desde hace más de un año escribo la mayor parte de los artículos de prensa directamente en el cuerpo del e-mail.
Pero cuando logro tener unas semanas por delante para dedicarlas exclusivamente a mis proyectos de libro, acostumbro a escribir en mi ordenador portátil sin conexión a internet. Utilizo la red para documentarme o para corregir, pero raramente durante las horas de escritura.

 

Como escritor/a por una parte y como persona por otra, es decir, como herramientas de trabajo y como herramientas de vida, ¿cómo describirías tu relación con tu teléfono, tu ordenador, tu tableta?
Dependo absolutamente de esos dispositivos. No sólo para escribir y para estar informado, también para la logística familiar, para la agenda profesional, para la comunicación con mis alumnos, etc.

 

¿Has percibido alguna modificación en tu forma de pensar y estructurar un escrito al confrontar el recuerdo de tus tiempos de iniciación apegados a las páginas de papel y los actuales, en que inevitablemente nuestro tiempo de lectura y escritura se consume de forma creciente, por momentos de forma absoluta, en las que nosotros llamamos páginas-pantalla o páginas de luz?
Cuando ves a tu hijo te cuesta mucho recordar cómo era unos meses atrás. Cuando te miras en el espejo difícilmente te ves viejo. Lo mismo ocurre con ese tipo de procesos. En Australia. Un viaje la investigación fue tradicional: biblioteca, hemeroteca, viajes, notas a mano, fotocopias. No sé si es mejor o peor libro que Librerías o que Barcelona. Libro de los pasajes, que combinan búsquedas físicas y virtuales. Lo que sí sé es que era posible contar la emigración española a Australia sin Google, pero no es posible acceder a una visión de conjunto de fenómenos más complejos, como la historia y la geografía de las librerías o de Barcelona, sin las muchas herramientas que te brinda ese buscador.

 

¿En qué aspectos significativos ha cambiado el ordenador y otros dispositivos y recursos digitales tus métodos, tus hábitos y tus ritmos de trabajo como creador, articulista, profesor de escritura creativa y/o intelectual?
Empecé a escribir en ordenador en la escuela secundaria, de modo que toda mi vida adulta ha estado condicionada por el teclado y la pantalla. Más que la conexión a internet en el ordenador, que durante muchos años he vivido como una fuente inagotable de información y estímulos, lo que realmente ha supuesto un cambio ha sido el teléfono móvil. Todo mi trabajo de campo ahora está relacionado con ese aparato: hacer fotos o vídeos, tomar notas, escribir o leer. Aunque a menudo haga esquemas y tome apuntes en papel, para empezar a ver claro un proyecto, sobre todo tomo notas en el teléfono móvil. O en los diversos ordenadores que frecuento en mi vida cotidiana: los dos de casa, los de las aulas en la universidad, los de la sala de profesores, etc. Durante mis viajes por el mundo ese nomadismo se daba entre cybercafés y hostales u hoteles. Por otro lado, parte de mi práctica como periodista tiene que ver con las series de televisión, de modo que leo continuamente textos en pantallas: escritos o audiovisuales.

 

¿Percibes alguna distinción generacional significativa en relación con la estructura y el manejo del lenguaje de sus textos en tu alumnado más joven o en las/los autoras/es que sigues y que por edad manejen con mayor fluidez los recursos propiamente digitales más al día? 
A mis alumnos les cuesta más que a mí distinguir entre registros coloquiales y cultos. No sólo por escrito, también oralmente, tal vez porque nuestra sociedad es menos jerárquica, más horizontal, menos autoritaria (al menos en apariencia). Pero la gran diferencia entre los llamados “nativos digitales” y los nacidos en los años 70 (mi generación) creo que pasa por la distinción entre esferas. Para nosotros la intimidad y la privacidad tienen más sentido. Ellos, en cambio, no distinguen entre un ámbito y otro, hay poetas jóvenes que han hablado en redes sociales de su aborto reciente, por ejemplo, algo que es difícil que ocurra con quienes no han tenido acceso a las redes sociales desde siempre.

 

O/y, más en concreto, al igual que es un hecho demostrado lo profundamente que el cine —un arte híbrido y tecnológico por antonomasia, producto de lo que a principios del siglo XX se consideraba tecnología punta— ha afectado e influido en la novela, ¿en qué detalles concretos crees que estaría afectando e influyendo en las/los aficionadas/os a escribir en edad más temprana los nuevos recursos y rutinas de expresión y comunicación que dominan sus relaciones desde la infancia y adolescencia —chats, videojuegos en grupo, mensajería compulsiva y comunicación en redes, emoticones, escritura multimodal, etc—?
La televisión y el zapping son lenguajes ya clásicos, con más de medio siglo de vida. También las ventanas que se abren y se cierran, ese zapping de Windows. Y las series de televisión de calidad llevan más de veinte años emitiéndose. Y Google, como nos hizo ver Alessandro Baricco en Los bárbaros, ha cambiado nuestra relación con la búsqueda de la información. Todo eso ya ha empapado los hábitos y los procesos cognitivos de todos los lectores y espectadores del mundo. Y, por tanto, sus textos. Creo que, por ejemplo, la estructura narrativa de los videojuegos o las elipsis brutales de las teleseries se pueden rastrear en muchísimas novelas actuales. Los más jóvenes, curiosamente, cuando empiezan a asumir que quieren “ser escritores”, reprimen sus hábitos y sus modos de consumo cotidianos e impostan modos de generaciones anteriores. Pero en algún momento se dan cuenta de que no hay que reprimir, sino justamente lo contrario: naturalizar y extraer de las novedades su máximo potencial artístico.

 

Si bien la prensa lidera la transformación cara al público de los lenguajes escritos, hasta las abuelitas y abuelitos escriben Whatsapps en su intimidad tejiendo palabras con videos, fotos y sonidos, a menudo producidos por ellos mismos, amén de emoticones, gifs y otros signos de nueva generación, en ocasiones muy creativos. ¿Cuál es tu sentir general sobre cómo la literatura va a asimilar la palpable transformación del lenguaje escrito en su hibridación masiva con recursos expresivos que antes estaban del todo descartados del territorio de lo que se consideraba escritura o propios del oficio de escritor?
Como dijo Brion Gysin la literatura se caracteriza por cierto “atraso” respecto al resto de lenguajes contemporáneos. Está bien que así sea. La literatura más avanzada, más vanguardista, trabaja de un modo interesante esa mutación en formatos electrónicos o digitales. Pero la literatura todavía se imagina a sí misma en el espacio y la textura del papel. Del libro. Y en el interior de esos límites es difícil encontrar la estrategia satisfactoria para incluir esas hibridaciones.

 

Desde los orígenes mismos de la escritura, muchos escritores han usado dibujos y otras inscripciones ajenas a la palabra asociadas a sus textos. En las últimas décadas, autores de máximo rigor estilístico y gran conocimiento de la literatura clásica, como pueda ser el muy notable caso de W. G. Sebald, han consagrado el uso de la fotografía en la novela. Si un nuevo estándar de ebook aceptado por todos los actores editoriales permitiese el uso sencillo de sonidos, música y/o imágenes en movimiento en ese formato de libro, ¿percibes algún conflicto en la posibilidad de experimentar con ese tipo de recursos en un contexto literario de índole narrativo o poético? ¿Crees que podrías llegar a plantearte usarlos en una obra de cierta ambición literaria?
Ya existen obras muy potentes que han mezclado lenguajes diversos, como La casa de hojas de Mark Danielevski o Heartbeat de Dora García, entre tantas otras. Ahora falta que el mercado encuentre el camino para llegar a los lectores que están interesados en esas posibilidades.

 

A la hora de abordar tu tarea docente, ¿abordas de alguna manera las transformaciones que está trayendo la tecnología, ya sea de forma intelectual o de forma que pueda afectar al desempeño del trabajo creativo del alumnado?
Por supuesto. Hablamos de transmedia, de remix, de apropiación. Analizamos la obra de Kenneth Goldsmith, de Cristina Rivera Garza, de Mario Bellatin, de Agustín Fernández Mallo. Vemos tanto textos creativos como textos teóricos. Y que cada cual, después, decida en qué territorio le interesa construir su propio laboratorio.

 

Miremos ahora a la prensa digital. ¿Cómo describes en el detalle el estado de profunda precarización del oficio de escritor en su relación con la prensa escrita en su dimensión digital? 
Los escritores hemos sido precarios desde siempre. Antes abusaban de nosotros los mecenas o los editores, ahora lo hacen los directores de los diarios. Si eres escritor nadie te obliga a dedicarte al periodismo: puedes traducir, editar, montar un bar o trabajar en un banco. El periodismo no te hace mejor escritor de poesía o de ficción. Pero yo prefiero escribir artículos que servir copas, aunque me paguen mal.

 

¿Al escribir para la prensa piensas de forma distinta cómo será tu texto en el papel y como será en la pantalla? Detállanos por favor como vives esta dualidad.
En los medios donde colaboro en papel (La Vanguardia, Letras Libres, El País, etc.), acostumbran a volcar el texto sin añadir más que algún link y sin hacer cambios. Para The New York Times en Español, en cambio, que es un medio exclusivamente digital, sí tengo que respetar algunas reglas básicas. Las dos principales son: párrafos más cortos y uso inteligente del link. Yo envío todos los links. Es un trabajo extra, pero interesante. Otro modo de escribir.

 

¿Al escribir para la prensa que publica tus textos en versión digital tienes un espacio de corrección concedido para volver a tu texto y editarlo con libertad dentro de la propia plataforma del medio? ¿Qué derechos y qué límites piensas que sería razonable asignar a esa posibilidad?
No, pero por lo general hacen todas las correcciones que pido en el texto on-line.

 

¿Cómo describirías, por ejemplo, tu relación con recursos propiamente digitales como pueda ser el uso de hipervínculos? ¿En qué contextos los usas?
Tienen muchas posibilidades. Por ejemplo, algo tan tonto como no respetar la convención de poner entre paréntesis el nombre de la editorial y el año de publicación de un libro: pones un link sobre el título que te dirija a la web de la editorial y el texto gana fluidez (y utilidad). Pero lo más importante es que te permite informar sobre tus fuentes, expandir contenidos, o incluso hacer conexiones irónicas. El link es la evolución tecnológica del principio de la poesía: la analogía, la conexión entre dos mundos distantes.

 

Muchos medios están empezando a utilizar robots para redactar noticias menores o para introducir hipervínculos en artículos y noticas de forma automática que dirijan a contenidos del propio medio con el objetivo de multiplicar los contadores de visitas y aumentar así su cotización en el mercado de inserción de anuncios. ¿En la prensa con la que colaboras tus textos son sometidos a una edición que los mine de hipervínculos sin tu autorización? ¿Cuál es tu posición al respecto de los medios que usan editores humanos o robotizados para sembrar hipervínculos sin un criterio consensuado con el autor?
Estoy en contra. Hasta que no se haya demostrado que son tan buenos como los seres humanos (ya llegará).

 

¿Qué proyección a futuro te suscitan estas dinámicas —poner en manos de algoritmos y dispositivos de inteligencia artificial, es decir robots, los textos de los escritores humanos— si no consiguiésemos ponerles coto?
Es un proceso imparable. Pero no hay que adelantar los acontecimientos.

 

Mirando al lado positivo, ¿qué ventajas le ves a los nuevos recursos expresivos propiamente digitales? ¿Por cuáles te has dejado seducir a la hora de abordar tu oficio?
He experimentado con todos los que he podido. Incluí fotografías en Librerías. Mi libro Crónica de viajetiene formato de ordenador personal y el relato está construido a través de pantallas. También he trabajado con ilustradores en proyectos de cómic (Barcelona. Los vagabundos de la chatarra, con Sagar). Mi idea de escritor es alguien que no deja de investigar.

 

¿Sueñas con algún tipo de recurso digital aún no existente?
Cuando sea posible dictar sin margen de error, que todo lo que digas quede inmediatamente por escrito, la literatura de viajes, que es una de las que más me interesan, cambiará radicalmente, porque podrás caminar y escribir al mismo tiempo, generar el discurso en movimiento del viaje que estás viviendo. Creo.

 

Por último, tres preguntas a las que tus respuestas nos puedan quizás ayudar a seguir seleccionando invitados que aún no hayamos considerado para entrevistar en esta serie. Son preguntas más dirigidas a tu condición de lector:

 

¿Qué autores tanto en el ámbito hispanohablante como en el internacional crees que están avanzando propuestas más innovadoras e inteligentes en el marco de la transformación del lenguaje que está(n) trayendo la(s) revolución(es) digital(es)?

    En castellano, podría destacar los nombres de Eugenio Tisselli, Cristina Rivera Garza, Doménico Chiappe, Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta. En otros ámbitos, me interesan las propuestas de Mark Danielwski, Kenneth Goldsmith, Richard McGuire o Camille de Toledo.

     

    ¿Qué medios, de gran difusión o de carácter más marginal, están respondiendo a tu juicio e forma más significativa e innovadora a este reto?

      Con texto e imagen -sea fotográfica, videográfica, dibujada o cartográfica-, yo destacaría el proyecto de Altaïr Magazine, la mejor revista de viajes que conozco. Y en la cada vez más importante cultura del audio, tal vez sea Radio Ambulante el proyecto que más me atrae, con sus crónicas para escuchar.

       

      Qué translación de soportes de lectura fuera del dispositivo libro crees que pueden arraigar como espacios literarios o campos ficcionales para autores contemporáneos: redes sociales, Facebook, Twitter, Whatsapp…? ¿Te ha llamado la atención algún autor (nacional o foráneo) en ese sentido?

        Todos esos ámbitos tienen potencial narrativo, ensayístico o poético; depende de su supervivencia. También Second Life era una plataforma potente, pero ahora es un territorio fantasma. En estos momentos, entre mis “amigos” de Facebook destaca el poeta y cronista Sergio Fanjul, que escribe a diario unos textos irónicos y costumbristas, de alto nivel de ingenio, de los que me he vuelto lector asiduo.

         

        ¿Cómo observas el uso de las redes sociales en el marco de la promoción (de sí mismos y de sus obras) a la que se sienten obligados los escritores para dotar de alas a su carrera? ¿Te ha llamado la atención algún autor (nacional o foráneo) por su habilidad en manejarse en este abrumador cambio de las reglas del juego de la autopromoción que se ha operado en la última década?

          Creo que todos nos hemos tenido que adaptar a las nuevas reglas del juego. Adaptarse o ser invisible (que hoy en día casi quiere decir morir).

           


          PUEDES LEER ESTA ENTREVISTA, JUNTO A LAS HECHAS A OTROS ESCRITORES Y RESPONSABLES DE MEDIOS, TAMBIÉN EN EL CLUB DE ESCRITURA

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          LA CONVERSACIÓN CON JORGE CARRIÓN FORMA PARTE DEL PROYECTO DE REFLEXIÓN ¿A DÓNDE VA LA ESCRITURA DIGITAL? QUE DESARROLLA LA FUNDACIÓN ESCRITURA(S) EN EL CLUB DE ESCRITURA

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