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Alfonso Sánchez-Moya es profesor de lingüística inglesa en la Universidad Complutense de Madrid. Sus investigaciones sobre el lenguaje en uso las enfoca desde el análisis crítico del discurso, atento a los problemas sociales desde una perspectiva lingüística. En su tesis doctoral ha analizado el discurso de las mujeres que han experimentado el IPV en sus vidas desde las formas discursivas en que se construye el autor.

 

Características de la investigación del lenguaje en soportes digitales

¿Cuál es el interés por estos temas en el ámbito académico (grupos de investigación, congresos, presupuestos...)?

Se trata aún de un campo bastante poco desarrollado, sobre todo en el ámbito de la Filología Hispánica. En este sentido, mi experiencia como investigador está más centrada en el discurso escrito en lengua inglesa, que siempre ha estado caracterizado por una mayor apertura a fenómenos discursivos innovadores. No obstante, cada vez existen más investigadores vinculados al discurso digital dentro de instituciones españolas.

 

¿Son útiles las estructuras lingüísticas, semióticas, pragmáticas, sociolingüísticas, etc., de las disciplinas clásicas para estudiar este fenómeno? ¿En qué aspectos o puntos se muestran insuficientes? ¿Siguen siendo un aval de la seriedad de los estudios?

Existe un debate bastante candente en este aspecto. Por una parte, hay académicos que consideran que el discurso digital está influenciado por el discurso o bien oral o bien escrito. Lo entienden más como una variedad híbrida entre las dos. Sin embargo, otra corriente académica (en la que me incluyo) entiende el discurso digital como un sistema propio, que se rige por una serie de características que lo alejan de este hibridismo entre discurso oral y escrito. Por esto, consideramos que el discurso y la comunicación digital deben explorarse desde un paradigma complemente diferente que tenga en cuenta las peculiaridades de este tipo de comunicación.

 

¿Cómo adaptar el estudio y la reflexión a la velocidad de los cambios?

En mi opinión, uno de los aspectos más importantes en este sentido pasa por desbancar los argumentos (en la mayor parte de los casos sin evidencia científica) que vinculan el discurso digital y la práctica del mismo con un deterioro de la lengua. Son muchas las voces mediáticas que extienden una especie de “moral panics” que alerta a generaciones de hablantes anteriores sobre el uso del discurso en las nuevas generaciones. Es necesario, por tanto, aproximarse a este cambio de paradigma comunicativo con la misma naturalidad que se han aceptado otros cambios, y entender que nos enfrentamos a una nueva forma de comunicación que resulta bastante improbable de parar.

 

¿Qué vigencia tienen estos estudios para comprender el fenómeno en su momento actual (no con perspectiva histórica)?

Precisamente uno de los aspectos más controvertidos de la investigación en discurso digital tiene que ver con el hecho de que los referentes de investigación son relativamente recientes. Teniendo en cuenta la rapidez de los cambios, se trata de un campo que debe ir actualizándose con premura. Tanto es así, que los muchos estudios que se hicieron hace unos años sobre los valores discursivos del botón “Me gusta” en Facebook se hicieron obsoletos a los pocos años, sobre todo cuando Facebook decidió añadir otras opciones (“Me encanta”, “Me enfada”, etc.)

 

¿Qué dificultades se han encontrado para hacer un repositorio fiable?

Todo lo que tiene que ver con la recopilación de textos digitales (sobre todo discurso natural, en cuanto a que no son obras literarias o artículos periodísticos digitales, es bastante complejo. Es cierto que se deja rastro discursivo de todo lo que generamos en términos comunicativos, pero la producción discursiva en su dimensión micro (las unidades lingüístico-discursivas tradicionales) ahora son más dependientes del contexto de producción de las mismas (es decir, el espacio tecnológico en el que se generan)

 

¿Hay algún proyecto colectivo para dotarnos de un repositorio universal (al menos en un idioma)?

Poco a poco se están realizando esfuerzos por hacer recopilaciones digitales de discurso natural (no elicitado). Por ejemplo, el British National Corpus de discurso oral ha experimentado un incremento importante en años recientes, sobre todo teniendo en cuenta que la recopilación más importante durante años ha estado vinculado al discurso escrito. Esfuerzos similares se están realizando en lengua castellana, como por ejemplo en el CREA (Corpus de Referencia del Español Actual)

 

¿Es la sociolingüística la perspectiva más sugerente para estudiar estos lenguajes?

En mi opinión, creo que tanto la sociolingüística como los estudios del discurso (análisis crítico del discurso) son plataformas interesantes desde las cuales se pueden comenzar a explorar las diferentes manifestaciones de discurso digital. Sin embargo, una de las características más frecuentes de este tipo de discurso es la multimodalidad. Si observamos comunicaciones prototípicas en cualquier plataforma digital de mensajería instantánea (WhatsApp, Facebook Messenger, Instagram), no nos sorprende encontrar que gran parte de las interacciones tienen lugar de forma multimodal (texto, audio, imagen). Por eso, es también necesario aproximarse a esta comunicación desde la semiótica.

 

¿Qué pretensiones de universalidad pueden tener estos trabajos?

Teniendo en cuenta mi propio posicionamiento como lingüista/analista del discurso, intentar alcanzar la universalidad lingüística es una pretensión que se aleja mucho de mi forma de entender el discurso, que se vincula más a teorías funcionalistas (Halliday).

 

¿Cuáles son los frentes principales en este campo?

A pesar de que cada vez son más voces dentro de la lingüística aplicada que recurren a contextos digitales para explorar la comunicación y el tipo de discurso que interviene, diría que siguen existiendo demasiadas posiciones que consideran que cualquier tipo de discurso que se aleja de la comunicación escrita no tiene la misma relevancia investigadora.

 

¿Hay un trabajo de semiótica específico para los emojis, stickers, etc.?

Poco a poco se van generando más estudios que se interesan por el rol de los emojis en la comunicación digital. Uno de los trabajos pioneros en este sentido fue realizado ya hace unos años (link a artículo). Actualmente, los mismos autores de este artículo estamos realizando un estudio sobre el uso de los emojis desde una perspectiva generacional. Nos interesa saber, por ejemplo, las formas en las que personas que no han tenido una formación digital demasiado extensa (en nuestro caso, investigamos grupos integrado por personas de más de 60 años) emplean los emojis en comparación con grupos de personas mucho más jóvenes.

 

Tras una primera serie de trabajos académicos más enfocados a presentar el fenómeno (todavía muy reciente), ¿hacia dónde se dirigen las nuevas investigaciones?

Las nuevas investigaciones se están dejando llevar cada vez más por la necesidad de explorar los aspectos multimodales en la comunicación digital. El discurso digital (y su estudio) es inherentemente multimodal, algo que en sí supone una revolución comunicativa de la que aún queda mucho por hablar. Como decía anteriormente, algunas investigaciones actuales intentar realizar estudios contrastivos en cuanto a diferentes generaciones y los diferentes usos que realizan de ciertos elementos discursivos en contextos digitales.

 

Características de los usuarios de soportes digitales

¿Es significativo el número de usuarios con una marcada voluntad de estilo?

En mi opinión, uno de los aspectos más interesantes del discurso digital es que existe la posibilidad de influencia de forma rápida. Es común encontrar que colectivos de hablantes se dejen de llevar por las nuevas tendencias a la hora de comunicarse digitalmente en diferentes plataformas. Curiosamente, estas nuevas tendencias comunicativas pasan inevitablemente por las actualizaciones técnicas que una aplicación determinada permite (lo que en inglés se denomina “affordances”). Por poner un ejemplo, es cada vez mayor el número de hablantes usuarios de Instagram que optan por comunicarse con sus contactos/seguidores a través de las historias, que tienen una duración limitada (24 horas aproximadamente). El mero hecho de tratarse de una comunicación avocada a desaparecer en el transcurso de un día tiene un efecto en la forma en la que los usuarios se comunican, por ejemplo.

 

¿Se percibe una mayor uniformidad en el modo de escribir los usuarios o en cambio las distintas posibilidades técnicas les han permitido desarrollar un modo personal de comunicarse?

Como decía anteriormente, creo que los estilos personales (a pesar de que existen) quedan más influenciados por las posibilidades técnicas que una aplicación determinada puede ofrecer.

 

¿En qué medida podemos reducirlo a una cuestión generacional?

De nuevo, y como mencionaba anteriormente, es erróneo asumir que estos aspectos solo afectan a la generación de hablantes jóvenes. Es cierto que existen aplicaciones destinadas en mayor o menor medida a diferentes generaciones. Por ejemplo, hace unos años Facebook era un servicio para personas de generaciones más jóvenes. Sin embargo, ahora mismo se está produciendo una migración gradual de esas generaciones a otras aplicaciones (Instagram o SnapChat, sobre todo) en el que personas de generaciones mayores (+45 o +50) aún no han entrado en exceso. Sin embargo, la comunicación digital es algo que encontramos de forma recurrente en todas las generaciones. La diferencia radica en los recursos lingüísticos y las prácticas comunicativas, algo que aún no está excesivamente explorado.

 

¿Cómo se percibe la voluntad de hibridación de lenguajes entre los usuarios?

Cuando hablamos de generaciones más jóvenes, personalmente no creo que exista percepción consciente. Creo que se trata más bien de un rasgo del discurso digital que las generaciones jóvenes han asumido como tal. Es decir, existe hibridación entre modos (texto, imagen, audio), pero creo que se asume como parte de ese tipo de comunicación.

 

¿Las diferencias sociales y territoriales son significativas? ¿O ha habido una homogeneización en los usos?

Mi forma de entender el discurso se aleja de querer ensalzar las diferencias sociales (como de género, por ejemplo). A pesar de que ya algunos estudios que exploran el uso diferente de emojis por parte de hombres y mujeres, creo que no existen cualidades inherentes al discurso digital que hagan que los hombres usen unos recursos diferentes al de las mujeres. De hecho, creo que el discurso digital es una perfecta oportunidad para homogeneizar los discursos, sobre todo por la oportunidad que se genera en la red de adoptar un rol mucho más activo en la creación de tu propia identidad (para lo cual el rol del discurso es imprescindible).

 

¿Se refleja una conciencia de grupo en el empleo del lenguaje a la que se adapta el usuario dependiendo del grupo en el que intervenga?

Absolutamente. Esto es algo que ocurre también en contextos offline. Suele existir una habilidad inherente al hablante que le permite adaptarse a los diferentes registros/escenarios comunicativos. De hecho, en un estudio de hace unos años (link a artículo), demostramos que la habilidad de usar más o menos textese (el tipo de discurso propio de los mensajes de texto/WhatsApp) es una habilidad (sobre todo en generaciones jóvenes) que se modula dependiendo del contexto comunicativo concreto.

 

¿Qué destreza ha desarrollado el usuario medio con los contenidos audiovisuales gracias a los nuevos dispositivos y modos de comunicarse?

Creo que es interesante ver el cambio que generaciones intermedias, sobre todo aquellas que no se desarrollaron con este tipo de comunicación, han experimentado a la hora de integrar estos diferentes modos en sus prácticas comunicativas diarias. Existe un mayor incremento (posiblemente para sentir que también forman parte de la forma en la que generaciones más jóvenes se comunican actualmente) por parte de este tipo de generaciones a la hora de incluir aspectos visuales (fotografías o emojis) o auditivos (notas de voz) en su comunicación diaria.

 

¿Hay diferencias sustanciales entre los usuarios en el uso de los emojis (cómo clasificar a estos usuarios)?

Esto es algo que precisamente estamos explorando actualmente (la Dra. Olga Cruz-Moya, de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, y yo mismo)

 

¿Se presentan diferencias significativas asociadas al nivel educativo de los usuarios?

Se tratan de diferencias que estarían presentes en contexto no digitales. Es decir, si un usuario tiene problemas ortográficos en contextos no digitales, es posible que los lleve consigo a contextos no digitales. De hecho, estos errores pueden incluso ser inferiores debido al efecto de la auto-corrección inteligente en la mayor parte de los teclados de los teléfonos actuales.

 

¿El sentimiento de identidad es un factor importante en la comprensión de este lenguaje?

Totalmente, aunque el sentimiento de identidad es un factor esencial en la comprensión, la expresión, y la recepción de este y cualquier otro tipo de discurso.

 

¿Denota este lenguaje un cambio de percepción entorno a la privacidad?

La delimitación de la privacidad en este tipo de discurso (y la investigación en torno al mismo) es un aspecto que sigue aún forjándose, lo cual queda reflejado en los numerosos debates que existen en estas líneas. Existen opiniones enfrentadas en cuanto a la naturaleza (pública o privada) de este tipo de discurso, sobre todo aquellas manifestaciones que se vuelcan de forma masiva y diaria la red. A pesar de las múltiples clausulas de privacidad que cualquier usuario de estas redes ha de aceptar para usar estas plataformas, no existe demasiada conciencia sobre la privacidad en las prácticas comunicativas digitales de todo tipo en la actualidad.

 

Características del lenguaje en soportes digitales

¿Qué cambios sustanciales hay en el lenguaje empleado en los mensajes? ¿Podemos hablar de una sintaxis específica?

Se trata de un punto que aún se debe explorar. Al final, elementos como la sintaxis son difícilmente alterables, ya que supone un cambio radical en cuanto a los cimientos de la lengua. De hecho, y a pesar de que otras ramas de la lingüística pueden verse afectadas por la transición a contextos digitales (la morfología, la pragmática, incluso la fonología (mayor conciencia vinculada a la grabación de una nota de voz, por ejemplo)), diría que la sintaxis aún no sufrido cambios sustanciales en este sentido.

 

¿Qué resultados ha dado la hibridación de palabras e imágenes en whatsapp?

Es curioso porque, en muchos casos, estamos asistiendo a una hibridación mayor de unidades discursivas a nivel oracional y supra-oracional. En otras palabras, es cada vez más habitual encontrar emojis que sustituyen o refuerzan el valor semántico de ciertas palabras. Esto es algo que se está viendo más influenciado porque la auto-predicción discursiva que muchos teclados digitales ofrecen. Así, es cada vez más habitual usar emojis que refuercen algún término incluido previamente de forma meramente textual. También es común encontrar el uso de emojis en contextos de economía lingüística, o usos pragmáticos determinados (la expresión del humor, el cariño, el enfado, etc.).

 

¿Se percibe el desarrollo de nuevas competencias lingüísticas entre los usuarios de whatsapp? ¿O una nueva conciencia lingüística (por ejemplo, al acortar las palabras, cierta conciencia de su morfología que antes no tuvieran)?

Como decía anteriormente, hay estudios que demuestran de forma empírica que el acortamiento de palabras (o alteración ortográfica) no daña la competencia lingüística estándar de un hablante determinado. Más bien, se percibe esta posibilidad como una adaptación más del registro que los hablantes son capaces de realizar dependiendo del contexto comunicativo que se tenga en mente.

 

¿Esta nueva forma de comunicarse estimula la experimentación con el lenguaje?

Diría que así es. El incremento de posibilidades comunicativas viene acompañado, como decía anteriormente, del incremento de las posibilidades técnicas que se implementan a pasos agigantados en cualquier plataforma digital. Un fenómeno reciente, por ejemplo, propiciado por la expansión de Twitter o Instagram, tiene que ver con el uso de la almohadilla (hashtag en inglés, #). La posibilidad de transmitir mensajes a través de una secuencia de hashtags es algo que se creía poco posible hace unos años, por ejemplo.

 

¿Se puede intuir cuáles van a ser los siguientes pasos en la mensajería instantánea? ¿La palabra escrita dará paso (en buena medida) a los mensajes de voz?

A pesar de que este argumento ha ido cobrando relevancia en los últimos años, creo que una de las grandes ventajas comunicativas del discurso digital está vinculado a la multimodalidad de la que hablaba anteriormente. Considero que el hibridismo de formas y modos seguirá dependiendo del contexto o el registro. Por ejemplo, WhatsApp permite mandar mensajes de texto si el ruido ambiental es demasiado para mandar una nota de voz. O el mandar una imagen que sugiera que el hablante está ocupado puede sustituir a varias palabras escritas (que requieran mayor atención al teclado por parte del emisor).

 

¿Cuál es el mecanismo para convertirse en tendencia una expresión o emoji (o sticker...)?

Diría que se trata del mismo mecanismo que se sigue a la hora de crear tendencia en cualquier otra manifestación comunicativa (la moda, por ejemplo). Se trata de una combinación de elementos históricos (los discursos son históricos en cuanto a que tienen relevancia en un momento/espacio determinados) que una comunidad de hablantes negocia de forma tácita e inconsciente. Por ejemplo, el emoji de la bailaora de flamenco en WhatsApp tuvo muchísima repercusión hace unos años (al lanzarse) a la hora de expresar alegría. Sin embargo, es curioso observar como su uso ha sido haciéndose más discreto a la par que han surgido otras posibilidades entre los emojis (y de matices más sutiles) para expresar la alegría.

 

¿Se consideran asentados en el lenguaje escrito algunos de los cambios que ha traído la mensajería instantánea (p.e. el acortamiento de las palabras)?

No necesariamente. Este acortamiento tuvo mucho más auge cuando el acortamiento era un factor que determinaba el impacto económico de nuestra comunicación. Es decir, el acortamiento de palabras tuvo su origen en la necesidad por parte de los hablantes de condensar en el menor número de caracteres para aminorar el coste del intercambio comunicativo. Este acortamiento pasó a un segundo plano cuando los servicios de mensajería instantánea permitían el intercambio ilimitado de mensajes (con una tarifa plana de datos para navegar, por supuesto).

 

¿Cuántas características de la oralidad más reconocibles se han trasmitido al lenguaje de los whasapps?

Una de las más importantes es la repetición de vocales (o letras en general) para expresar el alargamiento fonológico. Por ejemplo, podemos decir “Vengaaaa” para emular el énfasis fonológico que podemos encontrar en interjecciones similares en el plano oral. No obstante, creo conveniente recalcar que los debates recientes en estas líneas descartan hablar del discurso digital como una variedad híbrida entre el discurso oral y el discurso escrito, y sí como una variedad comunicativa en sí (en la que me encuentro).

 

¿Qué elementos extralingüísticos entran en juego en estas comunicaciones?

Todos los que hemos mencionado anteriormente y que se vinculan a la multimodalidad típica de esta forma de comunicarse.

 

¿Es un lenguaje más desinhibido en lo emocional el de la mensajería instantánea?

Absolutamente. Al final, este carácter desinhibido proviene del efecto que un efecto que la pantalla puede generar entre el emisor, el receptor, y el propio mensaje. El efecto pantalla suele generar mayor sensación de seguridad, enajenamiento y dualidad en cuanto a identidad se refiere. Por otra parte, existen muchos más mecanismos discursivos para la expresión de la emocionalidad (como los emojis) que pueden dar más recursos a personas de menor desarrollo en su competencia comunicativa (en su sentido más textual)

 

¿Hay una percepción general entorno a la formalidad que exigen o pueden exigir distintas conversaciones por whatsapp? ¿Ha afectado el whatsapp a esta percepción de una escala de formalidad en la comunicación?

En cierto modo, sí. Es habitual encontrar conversaciones entre jefes y empleados a través de WhatsApp, por ejemplo. No obstante, lo curioso de estos escenarios ahora es por ejemplo los efectos que algunos mecanismos discursivos de estas aplicaciones (los ejemplos en WhatsApp) pueden tener en las relaciones jerárquicas en contextos offline. Por ejemplo, ¿puede el uso de un emoji generar males entendidos comunicativos que se puedan extrapolar a contextos offline?

 

¿Qué puntuación se mantiene en los mensajes? ¿Cómo la ha afectado el uso de emojis?

No tengo conocimiento de que haya estudios en esta línea. Por mi percepción, diría que los emojis han ocupado espacios finales en la oración (anteriormente destinados a elementos de puntuación).

 

¿Han sustituido las imágenes (emojis, etc.) las onomatopeyas? ¿Siguen teniendo sentido?

En cierto modo, sí. De hecho, es más complejo en un teléfono inteligente expresar una onomatopeya que un emoji que la exprese. Por ejemplo, intuyo que sería más peliagudo para una persona con el teclado predictivo activado escribir “Brrrr” que usar algún emoji para indicar la sensación de frío.

 

¿Podemos hablar de metáforas híbridas para la conjunción de texto e imagen (o emoji)? ¿O les falta casi siempre ambición estética o literaria?

Es necesario desligar el uso de las metáforas a contextos únicamente literarios o estéticos. Usamos metáforas en conversiones cotidianas, y muchas de ellas sin darnos cuenta. Por ejemplo, muchos hablamos de relaciones afectivas que están atascadas, siendo esto una metáfora y siendo este un contexto poco cotidiano. Dicho esto, creo que el uso de emojis está dando lugar al incremento de metáforas visuales en la comunicación digital que aún tiene que explorarse con detalle.