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Sabina Urraca (San Sebastián, 1984), es escritora y periodista. Ha colaborado y colabora, entre otros, en medios como Vice, Tentaciones, Eldiario.es, El Estado Mental, Oculta Lit, Hoy por hoy, Bostezo, Notodo, Infolibre y El Comidista. Abraza con convicción la narrativa de autoficción, se deja abducir por el periodismo inmersivo y suelta los demonios con la crónica satírica. También escribe guiones, textos para artistas y charlas. Es autora de la novela Las niñas prodigio, editada por Fulgencio Pimentel. Ha aparecido en la antología Escritores y ciudades, de Lindo&Espinosa. Actualmente está escribiendo su segundo libro. En Fuentetaja imparte el taller Úsate: el camino que lleva de la autobiografía a la ficción. Contestó a nuestras preguntas en abril de 2018.

 

 

Como herramienta de trabajo y como herramienta de vida, ¿cómo describirías tu relación con tu teléfono, tu ordenador, tu tableta? ¿Cómo describirías tu rutina de escritura?

Me doy cuenta de que, a la hora de escribir algo que me importa, muchas veces evito el ordenador, como si ese aparato fuese el monstruo que me obliga a enfrentarme directamente con la escritura más definitiva. Cuando me pongo frente a él, el trabajo es de verdad, el proceso es duro, incómodo (aunque, en ocasiones, gratificante al final). Sin embargo, mantengo una relación casi maníaca con la escritura en el teléfono móvil. El bloc de notas del teléfono me es imprescindible; es el lugar en el que escribo a matacaballo, caminando por la calle, por el parque, dictando con voz o tecleando a toda prisa. Reconozco que esta, la escritura inmediata nacida de un chispazo de inspiración por algo visto, oído o sentido en ese mismo instante, es la que verdaderamente disfruto. Siempre ha sido así, sólo que antes escribía en libretas y márgenes de libros, y ahora lo hago en el teléfono. Mi rutina de escritura es que no hay rutina. Todo depende de los textos que tenga que entregar ese día. Creo que una característica del escritor freelance es que nunca tiene dos días iguales. Con respecto a la escritura más personal, dirigida a ir conformando otra novela, la llevo a cabo precisamente en esos momentos libres o en los tránsitos entre una entrevista y una reunión, yendo a hacer la compra, paseando a la perra. Muchas veces me he descubierto de pronto, en medio de una conversación con alguien o en una fiesta, alejándome un momento para apuntar alguna idea. En ocasiones ni siquiera me alejo, sólo digo: "Espera, que eso que me acabas de decir me acaba de dar una idea". Apunto la idea y retomo la conversación. Como no llevo demasiado bien la soledad extrema que requiere muchas veces la escritura, hay veces en las que encuentro incluso cierto placer en compartir esta idea con el amigo con el que estoy hablando.

 

¿Cómo se superponen las expectativas que tienes actualmente de consolidar una carrera literaria con tus primeros sueños de ser escritora? ¿Consideras que son en ambos casos el mismo terreno o la profesión de escritor es hoy otra cosa? ¿Pensabas ya entonces en otros formatos más allá del libro de papel para expresarte? ¿O en otros recursos más allá de la palabra escrita? ¿Cómo están afectando las mutaciones que se están operando en el mundo del libro, la escritura y la lectura en esa idea de tu oficio que pergeñaste al comenzar?

Me da miedo ver cuánto se parecen el sueño que tenía de niña y la realidad que se va imponiendo. En ocasiones, resulta terrorífico que las cosas sucedan tal y como eran en tu fantasía infantil. En mi proyección de futuro, escribía en un ordenador enorme, porque había visto en la tele una entrevista a Almudena Grandes en su estudio, y así era el suyo. Me imaginaba rodeada de libros, frente a la pantalla, igual que ella. A veces miro a mi alrededor y veo que lo que hay se acerca bastante a aquello que imaginaba. Sí que he pensado siempre en formatos que fueran más allá del libro, porque siempre me ha gustado diversificar: vivir experiencias y contarlas, actuar o performar, cantar, inventarme canciones, escribir cartas... un mundo de cosas en las que la escritura está presente. Creo que los tiempos actuales permiten que todas estas actividades queden enmarcadas dentro del oficio de escritor. El escritor ya no es una persona encerrada en sí misma, que crea en soledad, sino que puede tomar muchas formas distintas. Una herramienta muy importante que tiene un lugar fundamental en mi escritura, y que de pequeña no contemplaba, es internet, las redes sociales. Nunca imaginé que iba a poder vivir procesos tan veloces de creación, publicación y recepción por parte del lector. En ese sentido, Facebook ha sido y es toda una escuela, una muestra minimizada del proceso del escritor, un entrenamiento diario.

 

¿Cómo enfocas tu relación con el lector? ¿Es diferente cuando escribes un post que cuando escribes un libro o un artículo? ¿Te sientes obligado a ser más accesible a él? ¿A tener que reaccionar con más urgencia a sus respuestas? ¿O lo prefieres así?

Hago muchos esfuerzos por que mi voz no cambie excesivamente de un formato a otro. Me gustaría ser siempre personal, sincera, ofrecer lo mejor, bien filtrado, al lector. Sin embargo, los cambios de formato afectan; mi pulsión de niña empollona provoca que a veces, a pesar de no querer seguir esquemas predeterminados, me vea adaptándome al formato tradicional: cuando escribo un post soy más espontánea, me deslizo más hacia el humor, y con los artículos me abro a un público más general. En los textos literarios y la novela es cuando más me permito desvariar, mostrar las vísceras, y no dar después demasiadas explicaciones que ensucien el resultado. Los artículos y los posts, inevitablemente, crean un diálogo más inmediato con el lector, diálogo que a veces me encanta y a veces me exaspera, porque siento que tengo que sobreexplicarme para no ofender a nadie. También los tiempos son distintos: muchas veces, a causa de la premura con la que debe ser creado un artículo, me veo vomitando frases a una velocidad que no permite demasiada reflexión, y eso, no poder ofrecer textos más cuidados, me disgusta un poco. Los escritos literarios son más reposados y vienen de ideas que provienen de más lejos, y que han aparecido una y otra vez en mi cabeza hasta que les he dado forma y las he plasmado en el texto.

 

Consideras facebook como un espacio propicio para la literatura, sobre todo para la autoficción. ¿Pero ves sostenible la sobreexposición a la que te obligan las redes sociales a largo plazo? ¿Tienes una estrategia al respecto (para el día a día, para el futuro)?

Esta sobreexposición es un precipicio al que se puede caer fácilmente. Yo siento que camino por el borde, aunque la mayor parte de las veces sólo finjo que camino por el borde. Lo cierto es que siempre intento no mostrarlo todo, guardar la mayor parte de mi intimidad, y sólo permitirme enseñarla en determinados momentos. El mayor peligro de abrirse en redes sociales es la irrespetuosidad: la gente, al leerte, se aferra a tu personaje y cree conocer a la persona que hay detrás, lo que se traduce a veces en un trato demasiado cordial, en una confianza extrema que me provoca extrañamiento, pues no sé quiénes son las tres cuartas partes de mis lectores. No tengo miedo a la sobreexposición y veo sostenible este papel en las redes sociales porque, en mi caso, no hay tal sobreexposición, aunque lo pueda parecer. No tengo estrategias ni nada parecido, más allá de seguir mostrando mi realidad como me apetece.

 

¿Cuánto tiene la escritura de exorcismo para ti? ¿Y, en este sentido, en qué influye el medio en que escribes para medir los objetivos y la ambición de tus textos? ¿Qué papel jugarían en ese exorcismo los distintos tipos de lectores (los de las redes sociales y los de los libros)?

Sí que tengo cierta percepción de las ideas como demonios que van creciendo y deben ser expulsados en algún momento. Pero, más que exorcismo, mi sensación se acerca más a la de una función de fin de curso, un ansia por mostrar de forma coreografiada y estética todo lo que has estado rumiando durante los últimos tiempos. Mi ambición con respecto a la recepción de lo rumiado es similar en todos los medios: busco provocar impacto, emocionar ,y un cierto enamoramiento del personaje, para qué negarlo. La única diferencia es que, en los textos periodísticos, a veces también hay cierta vocación didáctica e informativa, siento la pulsión de transmitir el conocimiento que he adquirido con respecto al tema sobre el que escribo.

 

¿Entiendes que tu condición de periodista te ha permitido mejores herramientas o una mejor actitud para probar en los nuevos frentes que se abren ahora en la literatura? ¿Qué parte de lo que escribes en los nuevos medios consideras sin más literatura?

Absolutamente. El periodismo es un entrenamiento de fondo, como el del corredor que entrena en la alta montaña, con menos oxígeno, para luego rendir en la competición. Escribir artículos a diario, algunas veces agotada, otras veces nada inspirada, supone un esfuerzo mental cuyos frutos se ven a la hora de sentarse a escribir una novela. Mi disciplina deja bastante que desear, y el periodismo, tener que comer de escribir, me ha servido para escribir a pesar de la vida, a pesar de la resaca, del mal humor, de los contratiempos de la vida, de la enfermedad, del no creer en lo que estoy escribiendo. Hay días en los que en medio de un artículo se abre paso una idea literaria, algo más profundo que subyace en el tema en sí, y sin querer me pierdo en ese camino. No sabría decir qué es literatura y qué no, ni si ese senderito que se abre de pronto en mitad de un texto peridiodístico es menos o más literatura que el resto. Considero que lo que estoy escribiendo es literatura cuando alcanzo cierto grado de disfrute, algo que podríamos llamar inspiración, ese trance casi psicotrópico que después deja la mente reblandecida y a gusto.

 

En el trasvase de la escritura en soportes analógicos a soportes digitales, ¿cuáles son los conflictos más relevantes que detectas (como escritora y como lectora)? ¿Qué cambios que afecten a la escritura misma, al lenguaje, te interesan más?

En el soporte digital todos pensamos menos, escribimos de forma más pasional, siguiendo la pulsión de lo inmediato, lo cual aporta un frescor que, en mi opinión, debería trasladarse a la literatura. Me gusta que en redes mucha gente escriba sin pensar, incluso cometiendo faltas de ortografía intencionadas. Mucha gente que antes no escribía se ha convertido en escritora en redes, aunque no sea consciente de que lo es, y ha creado incluso un estilo personal, un humor, un personaje. Este fenómeno me fascina. Nunca había habido tantos escritores como ahora (considerando escritores a todo este buen montón de gente que se ha labrado un estilo en redes sin ser consciente de ello). Me interesa el trasvase de estas formas de expresión a la literatura, me cansa la literatura como disciplina envarada. Leo un post de una chica contando su experiencia laboral en un Tiger y le digo: "Me encantaría leer una novela que se llamase Tiger que hablase de cada uno de tus días de trabajo en el Tiger". En mis talleres uso mucho ejemplos de este tipo, textos de escritores en redes que no se dan cuenta de que lo son, pero lo son. No creo que haya ningún cambio en el trasvase de lo analógico a lo digital que sea especialmente negativo; al contrario.

 

¿Cómo describirías las aportaciones de los escritores más jóvenes en contraste con las de los más mayores? Respecto a su estilo literario, métodos de escritura y abordajes temáticos, ¿en qué detectas en los escritores de tu edad la influencia de haber crecido en un mundo hiper-digitalizado?

No creo que todos hayan realizado el trasvase con soltura (ni siquiera estoy segura de que yo lo haya conseguido; eso tendría que juzgarlo un millenial de los de verdad, de los nacidos en los 90); hay estilos literarios que soportan lo digital y otros que no. Con esto no quiero decir que haya que adaptarse necesariamente, sino que se puede seguir siendo escritor de los de antes, no lanzarse a las redes, y eso es igualmente bonito. Pero yo, personalmente, siento debilidad por los escritores de mi generación que han abrazado las redes, los foros, el banner de pesadilla, los memes. El escritor digitalizado es menos denso, menos pomposo, escribe a latigazos que condensan emoción. Me gusta ver en una misma persona una hibridación entre el dialecto digital y las referencias literarias de toda la vida. También aprecio mucho en escritores de mi generación ese soliloquio neurótico que proviene de las horas de soledad frente al ordenador, del ver la vida a través de la pantalla. No creo que haya que vivir grandes aventuras vitales para escribir; ahora mismo es posible ser un gran escritor viviendo y sintiendo a través de internet. Sólo hace falta tener un alma sensible a ciertas cosas, estar atento.

 

Fragmentación creciente de la lectura, distintos niveles de interactividad y permanente mutabilidad del texto digital, ficcionalización de la autoría, multiplicación exponencial de voces ocupando la esfera online, acceso ilimitado a la información, el número de “likes” como nuevo valor de reconocimiento… ¿Qué otros rasgos considerarías propios de la naturaleza de la lectura y la escritura digital de nuestro tiempo?

La multiamistad. Nunca antes tuvimos tantos amigos, tantas referencias, tantas conversaciones al mismo tiempo. Esto, a mí, que viví muchos años teniendo amigos a los que quiero mucho pero con los que no compartía casi ninguna de mis inquietudes, me ha supuesto un cambio grande de diez años a aquí. Recuerdo los inicios, la emoción inicial: De pronto era amiga de escritores de mi edad a los que leía y que me leían. La amistad no se daba ya por pura coincidencia en el espacio-tiempo, sino por verdadera afinidad internas. Recuerdo rastrear las redes sorprendida de encontrar almas movidas por impulsos parecidos a los que me movían a mí, gente que había leído lo que yo leía, que amaba a los mismos escritores o autores de cómic, que comentaba en vídeos cosas que me llegaban de verdad. Sentí de pronto, casi por primera vez, una afinidad espiritual. Ahora mismo, mi círculo más cercano está formado por gente a la que conocí en las redes, amigos con los que me escribí hasta la saciedad antes de vernos las caras en directo. Las relaciones en internet van más rápido, pero, en mi opinión, es mentira eso de la superficialidad y la fugacidad de la que tanto se habla. Jamás he tenido amistades tan profundas, tan poco atadas a una cotidianeidad que te une porque sí, y tan unidas a una elección real. Antes se decía mucho eso de que los amigos son la familia que eliges. Yo no sentí que eligiese verdaderamente a mis amigos ni que ellos me eligiesen a mí hasta que llegaron las redes sociales. Parece una tontería pero, de alguna forma, esta reunión en redes sociales podría equipararse a las tertulias de escritores. 

 

¿Qué autores crees que están avanzando propuestas más innovadoras e inteligentes en el marco de la transformación del lenguaje que está(n) trayendo la(s) revolución(es) digital(es)? ¿Quiénes, al margen de los recursos de lenguaje que utilicen, crees que están describiendo mejor los ritos y hábitos de vida hiper-tecnologizados (y sus conflictos)?

Me interesan especialmente, en este sentido, autores que hablan desde la soledad compartida de internet, cuyas obras tienen muchos rasgos de la persona que rumia pensamientos frente a la pantalla, o que comenta en ella lo que observa de la realidad. Elisa Victoria y Jorge de Cascante son buenos ejemplos de esto. Elisa habla en su primer libro desde un lugar hermosísimo, que es la soledad en la que el porno, esa mano amiga de internet, acompaña y salva más que cualquier ser humano. En el caso de Jorge de Cascante, además de su finísima observación de la realidad y del lenguaje de la gente, aprecio muchísimo sus interacciones literarias en foros y páginas de publicidad.

 

Estas últimas preguntas están más relacionadas con la enseñanza. Aunque no sea tu campo, nos interesaría mucho que compartieses con nosotros tus intuiciones, tus sensaciones, un apunte.

¿Qué papel crees que debería cumplir la enseñanza de la lengua y la literatura en la escuela?

Me desespera esa idea de que los niños tienen que aprender a amar la literatura leyéndose El Quijote y La Celestina. Si no vienen ya un poco leídos de casa, es imposible que no mueran de terror e incomprensión ante los clásicos de la literatura. Creo que el primer paso es generar interés, y luego, ya si eso, pueden flipar con el Quijote. Yo, si antes de El Quijote no me hubiese leído a Roald Dahl, Gerald Durrell, los cuentos ilustrados por Quentin Blake y a Christine Nostlinger, por poner algunos ejemplos, no lo hubiese apreciado en absoluto, porque directamente habría sido prácticamente incapaz de comprenderlo. Si fuese profesora, pondría a los niños a leer Crepúsculo, Harry Potter o lo que se adaptase a sus intereses, antes de meterles los tochazos marcados por el programa educativo.

 

Le supone a la enseñanza del lenguaje en la escuela un conflicto la pluralidad de registros con que tienden a expresarse los más jóvenes a la hora de desarrollar en ellos las capacidades y usos tradicionales de la lengua. En este sentido, la queja en el ámbito del profesorado es masiva. ¿Tienes una idea aproximada de qué modelo o qué cambios podrían colaborar a resolver este conflicto? ¿Dónde y cómo situar a la literatura en esa brecha que ha abierto entre profesorado y alumnado el hecho de que sean el “smartphone” o la tableta las herramientas casi exclusiva de lectura, escritura y comunicación entre los adolescentes y jóvenes, ya desde muy temprana edad?

Nunca se ha escrito y se ha leído tanto como ahora, nunca se han visto y se han grabado tantos vídeos, nunca se ha jugado tanto con el humor. ¿Por qué pretendemos que las nuevas generaciones adquieran los mismos conocimientos que nosotros? Los tiempos cambian, y lo que se considera cultura debe cambiar con ellos. Me dan mucha vergüenza esos espectáculos que intentan generar interés en los adolescentes metiendo con calzador los conocimientos que se consideran imprescindibles: El Quijote rapeado, y esas cosas. No sé exactamente cuál sería la manera de hacerlo, pero estoy casi segura de que esta no es. En lugar de disimular la píldora dentro de un caramelo, hay que, directamente, cambiar de píldora.

 

¿Qué efecto vislumbras que tendría para la evolución de las formas narrativas y poéticas que los niños dominasen por igual y desde temprana edad tanto el lenguaje verbal escrito como el audiovisual?

Creo que esto ya es así: los niños saben grabar con el móvil antes de aprender a hablar. ¿Por qué habría pues que desarraigarlos de este conocimiento y arrastrarlos a un programa educativo desfasado? En lugar de cambiar la dirección de su mirada, hay que incidir en los conocimientos que han adquirido de forma natural, por propio interés. Hace poco tuve la oportunidad de impartir, junto con el colectivo Buque Bólido, un taller infantil de videoclip. A pesar de que su manejo de la cámara era muy superior al que nosotros podíamos tener a su edad, no había habido una educación de ese manejo, una potenciación del mismo, y era una pena.

 

Más allá de que los talleres de escritura pudiesen funcionar como herramienta didáctica que sirva para complementar la enseñanza de la lengua y la literatura, ¿tienes alguna sugerencia que hacer sobre los métodos que te parecerían más interesantes y/o efectivos a la hora de abordar una enseñanza más especializada de las artes literarias? ¿Has detectado ventajas y/o conflictos en la posible incidencia en la literatura actual de cierto nivel de este tipo de “estudios superiores”, tan populares ya en las universidades de muchos países?

Creo, en talleres literarios dirigidos tanto a niños como a adultos, como punto de partida, hay que alejar la mirada de la literatura, de los libros, y fijarla en la unidad más primigenia de la narración: la anécdota, el chascarrillo de pueblo, la historia familiar, lo que está más cerca de uno. Veo muchos bloqueos derivados del intento de buscar historias y tonos similares a los de otros escritores, con la creencia de que esa es la única forma de escribir, y esto es algo que pocas veces funciona. Normalmente causa frustración, y surge la idea de que lo escrito no es válido, porque no se adapta a ciertos estándares vistos previamente. En mis talleres siempre intento, de primeras, apartar un poco la vista de las novelas, y hacer ver que la literatura está presente en las conversaciones de la calle, en la pintada de una pared, en los comentarios de un foro sobre música new age de cantos de ballenas, en las historias contadas en la mesa de la comida familiar, en las conversaciones en internet de los fans de la carrera en solitario de una de las Spice Girls. Creo que hay que quitar el foco de los escritores que hemos leído y ponerlo en uno mismo como el escritor que se es. Me provocan cierto terror esos talleres que me aparecen anunciados en redes sociales: "Taller de novela: consigue escribir y publicar tu novela". Son talleres que pretenden enseñar métodos y estructuras infalibles, y creo que no los hay. Tampoco pienso que se pueda enseñar a escribir narrativa; lo que puede hacerse, en todo caso, es ofrecer ciertos dispositivos que, al ser activados, provoquen el nacimiento de un texto. Esto podría dar lugar a pensar que la gente que no tiene la historia ya dentro, el germen de algo, no será capaz de crear un buen texto. Mi experiencia, que no es mucha, pero tampoco poca, me dice que hay muy pocos casos en los que una persona no tenga ese germen de la historia dentro. Sólo una vez encontré un señor con un bloqueo grandísimo, que la única historia que pudo contarme fue todos los platos que le servían en la mili. Sólo pudo escribir aquello en ese taller, algo que era prácticamente una lista de legumbres y potajes. Aun así, resultaba fascinante.

 

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LA CONVERSACIÓN CON SABINA URRACA FORMA PARTE DEL PROYECTO DE REFLEXIÓN ¿A DÓNDE VA LA ESCRITURA DIGITAL?

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