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William Kentridge, Lectura de segunda mano (2013)

 

La ese entre paréntesis de Escritura(s) tiene también como objeto darle visibilidad a las condiciones concretas en las que se desenvuelve en nuestros días la escritura: La mayoría de lo que leemos y escribimos lo hacemos en páginas pantalla, no en papel. Pero la afirmación -que es solo la constatación de lo que entendemos como una realidad palpable- no puede ser el punto de partida para un posicionamiento que tenga más de enfrentamiento que de diálogo. Con el camino recorrido estos últimos treinta años nos interesa más el papel que podamos jugar como puente entre generaciones y usos que como bastión de una u otra forma de escribir, con esa dicotomía que en ningún caso compartimos.

Lo que pretendemos es una mirada abierta, conciliadora, aglutinadora. Por ello proponemos este punto de encuentro para compartir una reflexión sosegada, consciente de las posibilidades fascinantes del presente y de la herencia valiosísima del pasado, más interesada en reconstruir el camino común que en cavar zanjas. Pero no tiene sentido obviar los cambios: renunciar al rol de espectadores -e incluso actores- privilegiados de un momento único. Queremos recopilar los mejores estudios sobre la escritura digital, y fomentarlos, y apoyar también la creación en este formato. Lo que aporta nuevo la literatura digital no es solo cuestión de coste o de espacio (asuntos más externos que internos para la literatura, aunque la afecten directamente): Lo que hemos llamado escritura ampliada, con anticipos muy estimulantes en el papel (en Sebald, por ejemplo), implica el enriquecimiento de las historias escritas, de los relatos, con otros mecanismos que pueden sumarse o no al puro texto: imágenes (fijas o en movimiento), audio, enlaces hipertextuales, distintos niveles de información con la activación el lector de textos ocultos, etc. Es hacer del escritor solista un director de orquesta, capaz de incluir una imagen o un vídeo o una canción si la historia que quiere contar lo necesita.