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Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es poeta, periodista y escritor. Estudió Astrofísica en la Complutense y un máster de Periodismo en la Autónoma de Madrid. Ha publicado los libros "Pertinaz Freelance" ​(Visor, 2016), con el que obtuvo un accésit del Premio Jaime Gil de Biedma, Inventario de Invertebrados ​(La Bella Varsovia, 2015), ganador del Premio de Poesía Pablo García Baena, La Crisis. Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2013), Genio de Extrarradio (La Hoja del Monte, 2012) y Otros Demonios (KRK, 2008), ganador de Premio Asturias Joven de Poesía. Colabora en El País y ha escrito o escribe en otros medios como El Asombrario, BuenSalvaje, Playground o Vice sobre cultura, ciencia, viajes o tendencias. En Fuentetaja imparte el taller Facebook como espacio de creación: narrativas de las redes sociales. Contestó a nuestras preguntas en abril de 2018.​

 

 

Dedicaste Pertinaz freelance a Mark Zuckerberg. ¿Qué hay detrás de eso? ¿Qué le debe realmente el libro y qué le debes tú a facebook?

Tengo una relación de amor-odio con Mark y con su retoño, Facebook. Le dedico el libro porque uno de los temas que se tratan, además de la incierta vida del trabajador autónomo o el inexorable paso del tiempo, es el de la adicción a las redes sociales y la carcoma cerebral que producen. Se ha llamado “infoxicación” a eso de no lograr la atención en ninguna parte y necesitar estímulos constantes. Los que ven el lado bueno del asunto dicen que así somos más multitarea, lo cual está muy bien para el mercado laboral salvaje en el que nos hallamos inmersos. A mí me gustaría poder concentrarme para leer una novela con calma, cosa que no consigo hace unos cuantos años.

 

¿Cómo se superponen las expectativas que tienes actualmente de consolidar una carrera literaria con tus primeros sueños de ser escritor? ¿Consideras que son en ambos casos el mismo terreno o la profesión de escritor es hoy otra cosa? ¿Pensabas ya entonces en otros formatos más allá del libro de papel para expresarte? ¿O en otros recursos más allá de la palabra escrita? ¿Cómo están afectando las mutaciones que se están operando en el mundo del libro, la escritura y la lectura en esa idea de tu oficio que pergeñaste al comenzar?

Cuando yo empecé a escribir aspiraba a ser relatista, pero al final, y por el momento, he sido poeta: no sé qué es peor. Sucedió de manera natural: escribí un poemario que ganó el el Premio Asturias Joven de Poesía en 2008 juntando algunos poemas que había ido escribiendo en un blog que yo tenía y que ahora es uno de esos blogs abandonados que perviven en las profundidades de Internet como ballenas varadas en las playas. Así que Internet estuvo presente desde el principio. Ahora la cosa ha cambiado mucho más, con las redes sociales, donde los escritores pueden encontrar todavía más inmediatez, un feedback aún más cercano, y donde muchos se construyen (nos construimos) un personaje. Eso nunca pude imaginármelo. Intento aprovecharlo para algo útil, más allá de perder las horas sin sentido, por eso escribo en Facebook de manera consciente y cuidada, pensando en los posts como artefactos literarios: son entradas de diario, crónicas, columnas de opinión, pequeños relatos, periodismo de viajes, todo eso mezclado en la coctelera de mi muro… Las redes sociales, creo, también han cambiado la práctica del escritor en el sentido de la promoción pública de su figura y de su obra.

 

¿Cómo enfocas tu relación con el lector? ¿Es diferente cuando escribes un post que cuando escribes un libro o un artículo? ¿Te sientes obligado a ser más accesible a él? ¿A tener que reaccionar con más urgencia a sus respuestas? ¿O lo prefieres así? ¿Qué parte de lo que escribes en los nuevos medios consideras “literatura”?

Cada género lo enfoco de manera diferente, está claro. En los artículos para prensa hay que adoptar un enfoque periodístico, menos personal, incluso cuando son de opinión. Se persigue el interés de un público amplio y heterogéneo. Cuando escribo posts de Facebook es cuando utilizo un estilo más personal, con el que más me identifico, y con el que mejor me lo paso. De todo lo que he escrito hasta ahora, donde se incluyen cientos de artículos, un libro de relatos y cuatro poemarios, lo que más he disfrutado han sido los escritos de Internet, tanto en lo que era mi blog como en Facebook. En todos los casos, de todas formas, trato de elegir temas que me interesen a mí pero que también puedan ser de interés para los que lo leen. Respecto a lo que escribo en los “nuevos medios”, podría considerar “literatura” los artículos más narrativos y personales, donde tengo más libertad, y cuento viajes que he hecho, paseos que doy por la periferia de Madrid, eventos raros a los que asisto u opiniones sobre asuntos de actualidad.

 

¿Consideras que tu condición de periodista te ha permitido mejores herramientas o una mejor actitud para probar en los nuevos frentes que se abren ahora en la literatura?

El ejercicio del periodismo me aporta la costumbre de escribir a diario por razones de fuerza mayor (para comer, vaya), la fluidez de darle a la santa tecla todo el rato, también ese sexto sentido periodístico para encontrar con facilidad cosas sobre las que escribir por todas partes. El venir de la literatura, por decirlo de alguna manera, creo me aporta una preocupación mayor por la forma de contar, por el lenguaje, por el vocabulario, por el ritmo de la sintaxis, por lo poético.

 

En el trasvase de la escritura de soportes analógicos a soportes digitales, ¿cuáles son los conflictos más relevantes que detectas (como escritor y como lector)? ¿Qué cambios que afecten a la escritura misma, al lenguaje, te interesan más?

Creo que el cambio más notorio en ese “trasvase” a los soportes digitales es la inmediatez y la necesidad enganchar con mayor celeridad al lector. En realidad no es demasiado diferente al primer párrafo de una novela o a la entradilla de un artículo periodístico, donde hay que tener el punch y el gancho necesario para captar al lector, generar interés y, al mismo tiempo, darle una idea general de lo que se va encontrar en el resto del texto.

 

¿Hay algún uso ligado a las nuevas tecnologías que te despierte desconfianza o preocupación?

Como ya he dicho, lo que más me preocupa de las nuevas tecnologías es ese nunca estar en el sitio en el que estás y siempre estar en alguna otra parte (y en ninguna). También me preocupa el constante enganche en los más jóvenes, que ni siquiera conocen un mundo anterior, sin esas tecnologías, con el que comparar, y que pueden juzgar este nuevo paradigma, siempre online, como algo natural. La falta de atención, la ansiedad que los estímulos pueden causar en nuestro cerebro de homo sapiens cazador recolector. Pero es que quizás ya sea algo natural y tengamos que adaptarnos a la nueva situación.

 

Respecto a su estilo literario, métodos de escritura y abordajes temáticos, ¿en qué detectas en los escritores de tu edad la influencia de haber crecido en un mundo hiper-digitalizado?

Tal vez lo que la tecnología puede haber aportado a los escritores actuales en cuanto a estilo y tema es la introducción de elementos y temas procedentes de la propia tecnología, también la fragmentación, la autoficción (la redes sociales tienen mucho de autoficción y fuerte presencia del yo) o la proliferación de referencias e influencias muy diversas que permite Internet a las personas con la suficiente curiosidad. Hoy en día tenemos toda la información a golpe de click y las personas tienen gustos más eclécticos. Se ve en la música: antes, cuando los discos eran muy caros la personas solían decantarse por un solo estilo musical de su preferencia, hoy los gustos son más eclécticos porque podemos acceder a Spotify.

 

Cada vez se incardinan en la escritura más elementos de naturaleza digital. ¿Cómo crees que puede evolucionar en el futuro la literatura desde ese escenario?

Ya me he bajado libros de la Apple Store, relatos de terror de Poe o Lovecraft, que son algo así como libros interactivos, en los que además de texto aparece algo así como una banda sonora, ilustraciones interactivas o animaciones que acompañan a la historia. Hay mucha gente estudiando eso que llaman “nuevas narrativas digitales”, los relatos de los que hablo podrían ser solo un ejemplo de lo que se puede hacer en este campo tan vasto. Eso sin contar los audiolibros o el género del radioteatro y la ficción sonora que, si bien no son nuevos, proliferan mucho en estos tiempos gracias al fenómeno de las plataformas de podcasts y el más fácil acceso a la tecnología para producirlos. También sé de la existencia de clubs de lectura de éxito que utilizan como medio Internet y la redes sociales, o plataformas de comentario de libros como Goodreads. Sin embargo, creo que la lectura del libro tradicional, en papel, o la de eBook, que es muy parecida, nunca desaparecerá. O al menos por el momento.

 

Pasamos a una última tanda de preguntas más relacionadas con la enseñanza. Aunque no sea tu campo, nos interesaría mucho que compartieses tus intuiciones, tus sensaciones, un apunte.

Tengo algo de experiencia en talleres de carácter literario o periodístico y es algo que me gusta. Me gusta la idea de los talleres, donde el conocimiento se adquiere a base de práctica (el famosos “learning by doing”), más allá de la clase magistral, y que ya se está implementando en la educación general (por ejemplo, mediante el aprendizaje basado en proyectos o la flipped classroom). La idea tampoco es nueva, por ejemplo es uno de los pilares pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, cuyas propuestas, a pesar de tener un siglo de historia, siguen siendo pura vanguardia. Internet y el más fácil acceso a la información hacen que llevar a cabo estas prácticas sea hoy más fácil.

 

¿Qué papel crees que debería cumplir la enseñanza de la lengua y la literatura en la escuela?

No conozco en detalle cómo se enseña hoy en día la literatura en la escuela, aunque siempre se ha criticado la insistencia del sistema en enseñar la historia pura y dura de la literatura, los textos clásicos que no interesan a los chavales, antes que generar el asombro con textos con los que puedan identificarse y así generar hábitos de lectura que luego, si se da el caso, pueda permitir explorar otros textos. Por ejemplo, se ha dicho que el actual boom la de poesía juvenil, poesía pop tardoadolescente (en palabras de Martín Rodríguez Gaona) o parapoesía, puede servir para que los jóvenes fans de estos poetas lleguen con el tiempo a textos poéticos de más peso. Está por ver si será así.

 

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LA CONVERSACIÓN CON SERGIO C. FANJUL FORMA PARTE DEL PROYECTO DE REFLEXIÓN ¿A DÓNDE VA LA ESCRITURA DIGITAL?

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